• FonicaNews

2020-10-18-MADRE

By Daniel Revol.

Como todo, es un proceso. Para que haya una madre, debe registrarse un nacimiento. Y aunque no sea un proceso biológico de esa misma mujer, y lo sea por el camino de la adopción, irremediablemente tiene que producirse un alumbramiento del nuevo ser, desde un útero. Si realizáramos un revisionismo de ese procedimiento, veremos que previamente se desarrolla una gestación que tomando los parámetros normales serán nueve lunas en el vientre, para que todo esté en su lugar y proporción, evitando las complicaciones que genera lo prematuro.


Si vamos un poco más hacia atrás en el embarazo, llegaremos a uno de los momentos más placenteros de la relación de pareja, la fecundación. Y si todo ello forma parte de un plan, nos encontraremos con el deseo de la concepción, consentido, buscado, en el estrecho vínculo que definimos como hacer el amor. Desde el amor surge todo para que con ese amor de madre multiplicado se prolongue eternamente en la nueva vida. Con la misma simbología podríamos reconstruir cómo se puede parir una República. Desde el deseo de gestar la nueva vida, que vendríamos a ser sus habitantes, para dar a luz una nación que vaya tomando vuelo propio. Son las manos de la madre que van cosiéndole las alas para que obtenga su independencia como “Pájaros en el aire”, en las voz de Los Carabajal. Siempre estará la figura de la madre protectora de sus hijos, cada uno de sus ciudadanos, a los que debe cuidar, cobijar, educar. En este juego de imaginación pura, la madre es la Nación, ese estado democrático, que permanentemente va aumentando su población, cosechando hijos de esta patria. Hay un dolor que se siente con cada injusticia social y con cada vida postergada. Es el dolor de cada parto, expresado en un grito desgarrador después de un intenso trabajo para que la mujer alumbre, y la patria se ilumine. Ese estado tiene leyes para la convivencia, basadas en derechos y obligaciones. Por eso, a la Constitución Nacional que es la regente de ese paraguas de normas, la llamamos Ley Madre. ¿Cuál es la función que entonces vienen a cumplir los gobiernos de los diferentes niveles y jurisdicciones?

Son claramente los administradores de turno, que empoderados por el voto de la mayoría, deben gestionar nuestros recursos para entregarnos las condiciones de mayor dignidad posible. Algo no funciona bien desde hace mucho, evidentemente, porque nos sentimos huérfanos, sin una madre que nos amamante mientras miles de funcionarios viven todo el tiempo colgados de la teta del estado. A cuenta-gotas, millones de compatriotas logran mamar un poco de leche, llamada IFE, Asignación Universal por Hijo u otro subsidio, a quienes están postergados o excluidos del sistema. Una madre llena de riqueza como la República Argentina, no puede criar a 45 millones de manera igualitaria, porque tiene hijos y entenados. Esos hijastros, que parecieran de un gobierno anterior, que políticamente no son tratados con el mismo cariño y contención que los propios. A esos entenados no les otorgan los mismos derechos para alimentarse y educarse con la misma fortaleza sanitaria que los inmunice ante todo lo que los convierte en vulnerables. Si tomamos los lapsos de la gestación de la maternidad, este martes se cumplirán 7 meses de cuarentena, que aunque ya no exista como tal para una buena parte de la población, todavía rige en infinidad de rubros que aún no pueden abrir sus puertas ni operar, parcial o totalmente. Quedarían 2 meses para el nacimiento de la nueva normalidad, si es que efectivamente logran consagrar las vacaciones de verano como un éxito que llegará más bien con fórceps que con parto natural. Es decir que se cumplirán 9 meses de restricciones el 20 de diciembre, una fecha tristísima de la historia constitucional más reciente si nos remontamos a lo que ocurría hace 19 años. Y no hace falta que te recuerde que durante el embarazo, especialmente la mujer, está todo el tiempo invadida por fantasmas que la asustan, fantaseando con lo hermoso que sucedería después de parir y con lo horrible que podría ocurrir si ese momento no llega en su plena normalidad. Después, como nos sucede con el Covid, llegaría la etapa del calendario de vacunación, para inocular con retrovirales de todo aquello que anda al acecho para dañar a la indefensa criatura.

Encima, si los presagios se cumplen, hacia fines de este año y comienzos del próximo se producirá un verdadero baby-boom, de aquellas parejas que encontrándose a sí mismas en una íntima cuarentena, planificaron desde el placer, agrandar la familia. La ansiedad se canalizó por la voracidad de la heladera y el apetito sexual. Y por lo tanto, será mejor que vayan pensando en un plan sanitario que pueda atender tantos nacimientos y consultas para los próximos meses, en el marco de una crisis de salud que no afloja en los contagios de coronavirus, al borde del millón de personas. La triste realidad es que esta situación se volvió eterna, como sucede con la sensación de muchos embarazos. Más de la mitad de la población ya festejó su cumpleaños por zoom, y en la intimidad del hogar con el complemento de la virtualidad, atravesamos los días del Padre y del Niño. Para redondear, hoy es el turno de las mamás. Y solo nos queda esperar que logre descomprimirse para homenajear la Navidad de Jesús, previo paso por la Inmaculada Concepción de María, la virgen madre. Nos invade la tristeza y nos atropella el llanto cuando pensamos en todas esas mamás que prácticamente se fueron en soledad, sin sus seres queridos ni sus afectos, acompañándolas en las últimas horas, por el maldito e inhumano protocolo, afectadas por el coronavirus u otra dolencia. El calvario de Carmen Acosta, que manejó 3 mil kilómetros de Chubut a Formosa para despedirse de su mamá Aurora. Con nombre de canción patria y de guerrera, la mujer de 81 años falleció en soledad por un cáncer terminal, porque los retenes sanitarios de Formosa no permitieron el encuentro con su hija para el último adiós. ¿Qué le pasa a las provincias, hijas de la misma Nación, que se mueven con normas propias? En el río Bermejo murió ahogado Mauro Ledesma, de solo 23 años, decidido a cruzar a nado a Formosa, otra vez Formosa, porque ya no se aguantaba más de 7 meses sin ver a su pequeña hija, que está con su madre de 20 años. Las víctimas del coronavirus son y serán muchas más que las frías estadísticas del Ministerio de Salud. Porque los efectos adversos y los daños colaterales se multiplican.

Nos marcó a fuego aquel inmenso dolor que dejó la muerte también por cáncer de Solange, porque los controles férreos de Córdoba impidieron el paso de Pablo, su papá, desde Neuquén a Alta Gracia. Irónico nombre de una localidad para quien solo quería abrazar el cuerpo y debió conformarse con el ataúd. ¿En serio tenemos que creer que las pandemias tratadas así nos humanizan y nos hacen mejores personas? Pensá en este día, en las Madres del Dolor, como Beatriz Oviedo conformándose con una batalla judicial por Solange y la decisión de la Corte Suprema que le pide explicaciones a 5 provincias, entre ellas Córdoba, por sus controles pseudo-fronterizos. Pongámonos en la piel quemada de Lorena, la mamá de Lucía Costa, que encontró la absurda muerte del reino del revés en Zar, el local de San Miguel. Allí donde la joven de 19 años solo compartía un buen momento con cervezas junto a sus amigos tras medio año de abstinencia, se conjugaron todas las irregularidades y la falta de solidaridad de un dueño inescrupuloso y un centro de mesa con brasero, de la mano de la imprudencia de una mesera con bidón de combustible. Pensemos en el día de la madre que vive hoy Cristina Castro, y su incansable lucha por encontrar primero el cuerpo y ahora la verdad por el asesinato de Facundo Astudillo. Como si la contravención de quien violó la cuarentena justificara todo exceso policial y de los gobiernos, dueños de las vidas a las que deben cuidar. Pero hay mal paridos en todas las esferas del poder, porque se exacerban en ese empoderamiento de llevar chapa y rango. Claro que hay policías ejemplares. Diego Digiácomo, asesinado por delincuentes que robaban en la heladería de Ramos Mejía en la que trabajaba su madre. Hay mal paridos, ladrones y asesinos ahora detenidos, camuflados en moto para robarle en Moreno a Brenda Gutiérrez, arrastrándola por el asfalto hasta que la atropelló un auto. Cuesta creer que haya madres que no nos hayan criado bien, enseñándonos la lealtad a nuestros principios: a la solidaridad, el respeto y la tolerancia. Lealtad es un principio que se rige por la fidelidad a quienes parecemos hechos a imagen y semejanza.

Por eso remarcamos que madre hay una sola y nos molestan los insultos y epítetos que se utilizan vulgarizándolas como mujerzuelas de las que somos sus vástagos. Porque tenemos sentimientos de fidelidad y respeto a los principios morales. Eso es la Lealtad y siempre nos llena de orgullo cuando la aplicamos con quienes nos engendraron para darnos la vida. El cuadro de mamá feliz es el que más nos gusta ver, aunque a esa sonrisa a la que le cantaba Palito, se la han tapado con un barbijo. El Peronismo, el movimiento partidario de quien no tuvo hijos biológicos por la esterilidad de su creador, está lleno de hijos que llevan bien altas las frentes, banderas y cuadros de sus líderes. Esconden por deshonra el cuadro de los montoneros imberbes, o el de Isabelita, a pesar de que aún vive a los 89 y de que fuera presidente de la nación tras la muerte de Perón. Esa lealtad nacida hace 75 años a partir de los derechos sociales de ese militar rebelado ante sus jefes, tuvo en el acto cegetista a Alberto, reversionando a Gasalla, el mismo de Mamá Cora, pero con la obra “Más respeto que soy tu madre”. Sin auto-crítica y con auto-bombo, Fernández nos habló de la supuesta fortuna de encontrarnos con este gobierno en estos tiempos de pandemia. Parece fácil hablar y tomar medidas desde el enamoramiento, cuando después tenés que hacerte cargo de criar a tus hijos, o sea a nosotros, los ciudadanos. Casi 4 millones de empleos perdidos en un trimestre, más del 40% de pobreza, 6 de cada 10 chicos en situación de marginación, desnutrición o vulnerabilidad. ¿Pueden llegar a ponerse en la piel y en la espalda de esas madres, jefas de familia, solteras o casadas, que no encuentran fuentes laborales? Es más fácil recordar las patas en las fuentes de la plaza histórica, la de las Madres de pañuelos blancos, que al igual que las calles, tienen disputa para adueñarse. Sin cortar el cordón umbilical, no hay peronismo sin sindicalismo y viceversa. Pero recuerden siempre que Perón también decía que la única verdad es la realidad, aunque le resulte indiferente a Cristina, la mamá de Florencia y Máximo. Porque no vamos a olvidar que la Macrisis nos dejó un país en llamas, asfixiado económicamente, y que en 4 años cuadruplicó el valor del dólar de 15 a 60.

Lo que ocurre es que los hijos necesitamos crecer y no podemos quedarnos en la comodidad de una placenta que le echa la culpa a una mala elección. No podemos abortar el pasado. Necesitamos dar a luz un presente de prosperidad y dignidad. Si la reina madre tiene corona, es una moneda de color verde y como un virus contagia la desconfianza, que sepan que se fue de shopping a 180 pesos en el mercado blue. Se desgasta más rápido que la tarjeta de Mariana Nannis, la mamá de Alex y Charlotte, a los que se ve que nunca les afinaron una canción de cuna ni les enseñaron buenos modales. No somos un jurado pero digamos la verdad y llamemos a los Caniggia y a las cosas por su nombre. A la crisis se le debe decir crisis. No hay un poquito de inflación, o un poquito de pobreza, o un poquito de crisis , del mismo modo que ninguna mujer puede estar un poquito embarazada. Para ver semejante panza no necesitamos de un observatorio NODIO. Si van a buscar noticias falsas comiencen por el mismo Gobierno, que había prometido no ampliar el cepo y que congeló tarifas y aumentó dos veces los combustibles. Sería como la madre del borrego, o sea la gestación y el origen del problema. Los sabios pueblos originarios nos dejaron el legado de homenajear a la Madre Tierra. Entre los cultores de la Pachamama están los bolivianos, que hoy se hacen un Evo-Test electoral para definirse entre Arce y Mesa. 140 mil bolivianos que residen en nuestras latitudes irán a votar a colegios que no tuvieron clases por la pandemia. Una de esas rarezas o contradicciones como esa madre que busca la donación de gametos para tener un hijo al que luego decidirá ocultarle la verdad. Vengo de una generación en la que la ciencia no había descubierto la fertilidad asistida ni los bancos de esperma. Vengo de una época que parece pre-histórica, en la que no se hablaba de temas tabúes como el aborto legal, seguro y gratuito. Crecí llamando madre patria a la España de la que vinieron buena parte de los inmigrantes antepasados. La que nos cuida al hijo dilecto de estas tierras, que vivió en el Barza una sorpresiva caída ante el Getafe. Vestido de rosa, Leo no pudo regalarle un triunfo a Celia, que se conforma como buena madre, con el parto de cada partido de la Selección, a puro sufrimiento, para dar a luz una victoria en la altura de La Paz.

Tres puntos que debemos cuidar. Cuidar, un verbo que nos rige en todo sentido, más que nunca en estos tiempos. Cuidarnos con responsabilidad sin reuniones sociales, sin encuentros privados. Cuidar a los contactos más estrechos, nuestras madres y las madres de nuestros padres, por las que nos explota la necesidad de besarlas y abrazarlas, cada día y en su día. Un sentimiento contagioso de amor asintomático, que se frena en la distancia social de quien tiene a la madre muy cerca, casi que igualándolo como quien la tiene solo en el recuerdo. Virtualmente un Día de la Madre, como si nos hubiera atacado el complejo de Edipo, por quien con su carga genética nos dio parte de sus rasgos, el color de los ojos, la ondulación del cabello, la contextura física o la fortaleza de su carácter.


  • Facebook
  • Twitter
  • Icono social de YouTube
  • RSS Icono Social

Todos los derechos reservados © 2020 FonicaNews