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Bien Y mal

By Daniel Revol

En el imaginario el planeta se divide entre dos polos opuestos. En lo espiritual, la mística y la fe suelen presentarse en dos zonas antagónicas. En lo terrenal, la mente y el cuerpo nos ponen de pie o de rodillas frente a un panorama similar, de absoluta dualidad.


Pareciera que los humanos tenemos una conducta que si bien no es ejemplar tampoco puede interpretarse como repudiable. Vamos por un camino con un rumbo incierto, convencidos de que es el correcto. Hasta que en un determinado momento, el destino se bifurca, sin señalización que nos oriente y solo guiados por nuestro propio instinto. Esa intuición es la que pone a prueba nuestra ética y decencia, para que elijamos el desvío sin margen de error. Y si apelamos a nuestra honestidad con la que nacimos, a la que cultivamos y con la que nos educaron, será prácticamente imposible que nos equivoquemos. Es un mundo que cree en una vida eterna que continuará en el paraíso o el infierno, según la cantidad de pecados que hayamos cometido como mortales. Es un trayecto que construimos a cada paso, intentando desgranar lo que corresponde hacer en lugar de aquello que no es lo indicado. Es un escenario encarnado por súper-héroes y villanos, de los que la industria cinematográfica llenó taquillas para que tomemos partido por uno de los dos grupos. No tengo dudas de que en los 8 mil millones de seres que habitamos los 6 continentes, una gran mayoría, una inmensa y gigantesca proporción de ciudadanos, buscamos y luchamos por hacer el bien, por hacer las cosas de la mejor manera posible. Entonces vale preguntarse por qué razón, si son una escasa minoría los que están para hacer daño y provocar el mal, son tan visibles, tienen tanta prensa, explotan una inteligente estrategia de marketing y en muchos casos, se alzan con la victoria. En las pelis de Disney o Marvel, el villano podrá conseguir decenas de batallas, pero al final, la guerra siempre la ganarán los buenos. Creo que las salas de cine, hoy un melancólico espacio con cadena y candado por considerarse un foco de contagio, hubieran terminado en actos de vandalismo con niños ahogados en un llanto desconsolado si Ironman, el Hombre Araña o el Zorro hubieran terminado desenmascarados, detenidos y condenados por Dínamo Escarlata, Mysterio o el Capitán Monasterio.

Imposible, los malvados no ganan nunca porque sería legitimar que la maldad pudiera superar a la bondad. La política criolla se supo nutrir bastante de los comics y las historietas, etiquetando al adversario como un enemigo contra el que debe pelear, porque alguien debe interpretar al malo de la película. Como si fuera la saga de Batman, hemos tenido y aún tenemos, Pingüino y Pingüina de la especie magallánica patagónica y hasta un Guasón de prominente calvicie y sonrisa de oreja a oreja, al mando de la Ciudad Gótica, a la que han calificado de opulenta y desigual. Dejo a tu criterio la distribución y caracterización del vestuario, como si fueran disfraces, para los personajes de la función pública. Seguramente te sobrarán villanos y dejarás vacantes los lugares asignados para los súper-héroes, que en realidad, están encarnados por millones de compatriotas anónimos, de a pie, registrados por un sistema que a veces se cuelga, no responde y hasta los expulsa. No es necesario que te pregunte si sos de los que viven por el bien, es decir por el bienestar común de todos. Mientras tanto, quienes resultaron empoderados con el bastón de mando, lo cambian por una pala para zanjar más la grieta que divida a la sociedad, entre buenos y malos. Condenando a la riqueza como si fuera mal habida y un escarnio para el resto. El populismo suele bendecir a los necesitados como el reino de la bondad, tomando al rey sol como emblema, llamándolo el poncho de los pobres. Nada es gratuito aunque simplemente sea un trueque por un voto. La alpargata de Saadi para hacerte del par hizo escuela. Comulgó en el infierno con el lema “roban, pero algo hacen”. Resucitó en la desafortunada pero realista frase de Barrionuevo, para armar una tregua en el delito por dos años. Los que ocupan los lugares para hacer el bien, generando bienestar, resulta que son los villanos. Cierto que ya nos pusimos de acuerdo en que los súper-héroes son anónimos, de espaldas gigantes, cada vez más blindados en escepticismo. Es como si alguna vez alguien que está en la fría vereda del bien, decidiera cruzarse a la que calienta el sol, y allí un hechizo lo convirtiera en villano, despojándolo de su actitud de incorruptible. Convengamos que algo de bondad siempre le quedará en su genética y para pruebas tenemos el disfrute pleno de Gru, Mi Villano Favorito.

Llegó a la pantalla con el maléfico plan de robarse la luna y le brotó la bondad al tener que hacerse cargo de las tres pequeñas huérfanas que lo deseban como papá. Entonces, el bien y el mal pueden convivir en un mismo ser, en un personaje, en una escena, una decisión y una medida. De hecho, lo que parece que está bien puede encontrarse torcido. Y lo que quizás veamos como que está mal terminará derramando soluciones y paliativos. De allí viene como respuesta la definición de hacer las cosas lo mejor posible, con lo que está a nuestro alcance, a pesar de que el resultado final no será el deseable. Entonces, depende de nosotros mirar la mitad vacía o la otra mitad llena de una copa. El bien y el mal. Si alguna vez estuvo al borde esa copa, perdimos la mitad y eso estaría mal. Si está en proceso de llenado, la mitad del trabajo estará hecho y vamos justamente resolviéndolo. Los desafíos son muchos para que todo resulte bien: que no se derrame, vuelque ni rebalse; que no se seque, evapore ni rompa. O algo igualmente importante: que no se mezclen los líquidos que la hagan imbebible, porque lo que parecerá que está bien, resultará que estará mal. Lo bueno del aislamiento, es que no llegamos al desborde de la atención en terapia intensiva. Lo malo es que a pesar de las restricciones tenemos casi un millón 250 mil contagiados y perdimos casi 34 mil vidas. Lo bueno de la cuarentena ha sido que nunca alcanzamos los niveles de infección de países que nunca cerraron su economía. Lo malo es que si lo medimos por millón de habitantes, no obstante tenemos más muertos que Estados Unidos y más infectados que Brasil. Lo positivo es que el aislamiento lo reversionamos en distanciamiento. Lo negativo es que nos llevó 8 meses de sufrimiento, angustia y privaciones. Lo bueno es que hay varios desarrollos de vacunas contra el coronavirus y ya encargamos 20 millones de dosis a Rusia y otras tantas a Oxford. Lo malo es que aún no sabemos si superarán la fase 3 de eficacia y seguridad, con efectos adversos incluidos. Está bien que se hagan en tiempo récord por la urgencia de la pandemia. Estaría muy mal que se lancen a vacunar con algo que no tenga el aval científico porque podría ser tan malo el remedio como la enfermedad, relajando a quienes pensarán que las medidas de protección ya no serán necesarias.

Lo bueno es que la curva de contagios desciende y lo malo es que sigue en el promedio de 10 mil casos diarios. Lo positivo es que regresen las clases, las reuniones sociales, la gastronomía y el turismo interno. Lo malo es que no lo permitieron cuando había un    10 % de los contagios que hay ahora, o al menos lo incoherente. Con un gobierno que lleva el expertise de un sanitarista con iniciales de vacuna, Triple G, lo que podría tomarse como positivo, lo transformó en el polo negativo, y es cuando subestimó al Covid. Dejó las fronteras abiertas, un histórico colador para que lo malo entre, y en este caso con los humanos como vectores y transmisores. Lo bueno de la economía es que según Guzmán hay una recuperación tenue con algo heterogéneo porque la actividad industrial creció 3,4%. Lo dañino es que tuvo 8 meses previos de caída, con miles de comercios y Pymes quebradas y millones de empleos perdidos. Y si bien los antídotos fueron los ATP y tres generaciones de IFE, lo malo es que no alcanzó, fue desigual la distribución e hizo del subsidio un culto que reemplazó al trabajo genuino. El daño colateral ya lo conocemos, con impresión de moneda e inflación como elemento de tortura. Lo bueno es que esta semana aprobarían el Presupuesto 2021 y lo malo es que generalmente es un dibujo que nunca se cumple. Casi todo lo que está bien, tiene su costado malo. Por eso cuando creemos que elegimos bien entre los candidatos, la realidad nos aplica un correctivo. Lo malo del kirchnerismo con la corrupción a flor de piel de Cristina fue lo que le permitió llegar a Macri. Lo malo es que se convirtió en Macrisis, con ajuste y pobreza, para que nuevamente la mayoría en minoría se esperance en el regreso de viejos conocidos. Lo malo es la polarización, entre lo bueno de la democracia. Está muy bien que el blue haya caído 40 pesos en dos semanas, pero está muy mal que la desconfianza mantenga una brecha del 80%, con un dólar verde agua que castiga al exportador y otro verde intenso, camuflado de solidario, que condena a quien solo ven como especulador. Si algo bueno dejará como enseñanza el Covid es que nos ha igualado para sentirnos mortales, sin discriminar entre clases sociales. Funcionarios de todas las líneas, por descuido o desgracia, terminaron con síntomas.

Y otros por el riesgo de edad y salud fueron derribados por el virus, como Pino Solanas, apagándose en la ciudad luz. En una de sus grandes y exitosas composiciones, Alejandro Lerner pregunta quién maneja la balanza del bien y del mal. Una justicia divina para los creyentes y una justicia de hombres y mujeres para los mortales. Si es lenta, garantista, de puerta giratoria, si no es ciega y sorda para ponernos a todos en igualdad de condiciones, no es justa. Si no sabe escuchar los gritos de auxilio de una víctima de la maldad, no interpreta el reclamo a viva voz que pide Ni Una Menos. Allí se arma la justicia vecinal por mano propia, ante el delincuente, el violador o el violento. En Centenario, los neuquinos quemaron a Rigoberto Godoy con su casa incluida, por la firme sospecha de que abusaba sexualmente de sus hijas. Los gritos desesperados de Yohanna Alarcón en Quilmes no fueron escuchados por su propio bien y el de Roberto Giménez, el dueño del inquilinato en el que la refugiaba y que dio su vida para salvarla del ataque del obsesivo de su ex, Rolando Delgado. Nos preguntamos como Julieta de fondo si algo está bien o está mal. Juzgar al policía Chocobar por abatir a un delincuente que terminaba de apuñalar a un turista. Tres víctimas y ningún victimario para una secuencia en la que terminó todo mal, con la madre del ladrón Kukoc que declara que su hijo ni siquiera pudo tener un juicio justo. Cualquier sentencia estará bien para una parte y mal para el resto. Como el resultado de un partido, cuando le cae bien el triunfo al Millo o al Cuervo y lo sufren mal los Canallas y los Pinchas. Después se debatirá si jugaron bien y hasta si ganaron o perdieron bien. Lo bueno es que el fútbol regresó, lo malo es que no tiene público ni televisación abierta. Lo bueno es que Diego se recupera tras quitarle el hematoma subdural. Lo malo es que su recuperación de fondo contra los excesos y malos entornos, no será un camino simple subido a los 60. Es una dualidad pendular y desbalanceada, cuando vemos la injusticia de una parte que no puede vivir con un mínimo de dignidad. Porque no está bien que hablemos de supervivencia y de derechos excomulgados.

No hicieron las cosas bien si hay millones que no tenemos casa ni tierra propias pero tampoco se puede equilibrar la balanza con la violencia o la usurpación de lo que no nos pertenece. No está bien que hayan despojado a pueblos originarios y tampoco lo está, que los mapuches profanen símbolos e instalaciones de la iglesia en El Bolsón. Dios y el Diablo trabajan en el mismo taller, según una canción de Baglietto. Es como si se intercambiaran los trajes de demócratas y republicanos. El presi, uno de los pocos que en su gestión no atacó a ningún otro país de manera bélica, pero que sembró el odio con murallas y xenofobia a los latinos, pagó muy cara su derrota. La Casa Blanca esperará por la vuelta de Biden, el conciliador diplomático que fue fundamental como vice de Obama. En un país que pelea por mantenerse como el centro de atención del mundo, en una lucha desigual con China, una multitud norteamericana como nunca fue a las urnas, barbijo en mano, para vacunar a Donald y bajarlo a la categoría de dibujo animado. Desde acá, como siempre, nos queda preguntarnos si está bien o está mal el resultado, si nos ayudará o nos complicará, si hicieron lo correcto o se equivocaron. Como suele suceder, serán el tiempo y las consecuencias de las medidas, las que determinarán si algo estuvo o no bien hecho. Lo que jamás terminaremos de entender es que un perdedor que es oficialista denuncie fraude. Y que lo haga alguien llamado Trump, para hablar de trampa. Como en una de súper-héroes, por estas latitudes, vamos a pensar que el bien siempre triunfa. Este martes celebraremos el día de nuestra Tradición, para homenajear el nacimiento hace 186 años de José Hernández, el creador de la sabiduría del Martín Fierro. Entre sus versos, el gaucho se pintaba como toro en su rodeo y torazo en el ajeno. Desafiaba que siempre se tuvo por bueno, porque si lo quieren probar, salgan otros a cantar y veremos quién es menos. Por eso, no es soberbia si estamos muy seguros y conscientes de nuestra honestidad y capacidad para hacer las cosas bien. Sabemos que lo está bien, está bien. Luego, la tradición criolla, se encargará de demostrarnos que algunas veces lo que está bien, está mal. 

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