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Corazòn

By Daniel Revol

No hay pruebas ni certezas que nos permitan asociar lo sentimental con un órgano que es el motor de todo el cuerpo. De hecho, basándonos en ese argumento, debería elegirse al Día de San Valentín el 14 de febrero como el Día Mundial del Corazón, que se celebrará este martes 29.


Sin embargo, nadie discute la actitud de Cupido y su flechazo, ni el dibujo a mano de un corazón como te salga, aunque sea un poco deforme, o la elección de ese emoticón para marcar lo que te encanta en las redes sociales. Si es el cerebro el que maneja nuestro poder racional y su toma de decisiones, por qué le atribuimos al corazón la administración de lo que pareciera ser irracional. Ante la duda, nos dictaminan que hagamos lo que nos indica nuestro corazón. Ante el despecho, sentimos que el corazón se ha partido. Frente a la euforia, tenemos la clara impresión de que el corazón explotará y se saldrá de nuestro cuerpo sin poder controlarlo. Cuando florece el enamoramiento profundo por alguien, es el corazón el que se envuelve de un torbellino apasionado que cambiará el ritmo de nuestras pulsaciones. Habría que ponerlo en una burbuja, un término tan de moda ahora y especialmente en el fútbol, a ese pobre corazón, como canta Juan Luis Guerra. El que está sobrecargado de trabajo, bombeando sangre entre los pulmones y las arterias durante las 24 horas y encima se nos ocurre endilgarle la responsabilidad que tal vez no puede ni quiere manejar. Para que quede claro, si cualquiera de nosotros pudiera arrancarse el corazón y entregárselo como ofrenda en mano a su ser amado, éste automáticamente saldría espantado, convulsionando, impresionado por algo que dista mucho de ser lo que idealizamos. Quiero decir que estamos llenos de órganos mucho más atractivos y sensuales que además están a la vista. Y sin embargo, el corazón les saca ventaja, galopa con el caballo del comisario, paga las apuestas más fuertes. Apenas es un músculo, de los que hay más de 600 revistiendo nuestro esqueleto. Pesa en promedio 300 gramos y resiste todo lo que le arrojan, hasta que cuando se cansa, se lastima o se desconecta, dice basta. Entonces, debe ser porque el corazón es el líder de toda la maquinaria, y es la pieza fundamental que no debe faltar ni fallar, que lo elegimos como emblema del manejo de nuestra sensibilidad emocional.

Hace apenas dos décadas, con el comienzo del nuevo milenio, se decidió que el 29 de setiembre fuera el Día Mundial del Corazón. Lo instituyeron las Organizaciones Panamericana y Mundial de la Salud, esta última es la misma que no tuvo la corazonada de registrar el impacto devastador del Covid desde sus inicios. La azarosa fecha busca concientizar frente a los 18 millones de personas que por año apagan sus motores porque el corazón lo ordena, con motivos atribuibles a los llamados factores de riesgo cardiovascular. Esta semana, la ciencia confirmó que dos de ellos, diabetes y obesidad, declarada hace poco una enfermedad, son dos de las patologías con las que el coronavirus puede hacer más estragos que en otros humanos. Ya sabíamos de la vulnerabilidad de quienes tienen un compromiso en su salud por las llamadas enfermedades de base, donde no solo están el exceso de azúcar en sangre y el sobrepeso, sino la presión arterial alta, el colesterol malo elevado, y la nicotina y el alquitrán intoxicando de humo puertas adentro. Y el corazón, dale que va. ¡Aguanta corazón! A esa mochila le agregamos el stress por los problemas económicos domésticos, malhumor social, discusiones familiares o laborales, angustia por la incertidumbre, y de vez en cuando, una explosión de alegría que parece que nos renueva, porque algo bueno sentimos que nos sucedió. La emoción nos embarga el corazón por un nacimiento o una graduación de los que llevan nuestra propia sangre o son hijos y nietos del corazón. O nos estalla el corazón de soberanía y nacionalismo a flor de piel celeste y blanca cuando uno de los nuestros la manda a dormir al fondo del arco. Hay corazones de todos los colores, porque lo vestimos con una camiseta entallada que irá al compás hasta el último latido. Esta semana, como escapado de una novela del corazón o una interferencia de la señal Venus, se vio en la pantalla gigante de la sesión virtual de Diputados a un representante del pueblo convertido casi en un desconocido actor porno. Le faltaba calidad de alta resolución para que todos podamos comprobar si como dijo Juan Emilio Ameri, le había quedado realmente bien el implante mamario a su pareja, que además cobra como asesora. Fue la primera prueba de que un dirigente político no chupa solamente la teta del estado.

Allí, muy cerca del corazón de Celeste Burgos, Celeste, siempre Celeste, están sus pechos turgentes, recién operados. Ambos, digo Juan y Celeste, dicen que terminaron con sus corazones destrozados porque creyeron que estaban sin conectividad. Buscó defenderse porque apenas le miraba el seno, a pesar de que no era senador y estaba en el seno de la Honorable Cámara de Diputados. Para Ameri ameritaba la inmediata suspensión que le impuso el presidente Sergio que lo agarró con las manos en la Massa a quien tiene ocultos y nefastos antecedentes de violento y extorsionador. El culebrón del corazón terminó en piadosa renuncia de quien la mayoría de los salteños desconocían su cargo, que había llegado a acomodarse en el kirchnerismo de la mano de la agrupación El Aguante. ¡Aguante corazón! Todo pasaba mientras en el mismo canal Carlos Heller hablaba en el debate de la Defensa de los Activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Una ley que tuvo media sanción y que financia la reparación histórica, asiste necesidades de los jubilados por la pandemia y desendeuda a los beneficiarios de los créditos de Anses. Chupate… esa mandarina. Una ley que va al corazón de una parte del problema, con un lindo nombre para que salgan a manotear fondos de otro lado o a imprimir más billetes para atender a una parte de la población que está con el corazón en la boca. René Favaloro, nuestro célebre cardiocirujano de reconocimiento mundial,  a quien dejaron fuera de un merecido Nobel, perfeccionó hace más de medio siglo el desarrollo de una técnica revolucionaria. Se llamó by-pass y atendió las obstrucciones sanguíneas haciendo un injerto tipo puente que permita la continuidad de la irrigación del corazón. En medicina, el by-pass ayuda a salvar vidas aunque aplicado en política y administración y gestión pública, sería una especie de parche que permite patear el problema para más adelante. Por ejemplo, prorrogar el congelamiento de los precios de alquileres y los créditos hipotecarios junto a la suspensión de desalojos por otros cuatro meses es un alivio para el stress coronario de miles de familias. Extender otros dos meses la suspensión de despidos es un forzado y necesario freno a la pérdida de más empleo, que es el corazón de la dignidad humana.

El  by-pass como el subsidio o la ayuda social no pueden ser tomados como un plan en sí mismo. Apenas son paliativos, torniquetes para detener una fuga de sangre que paralizaría al corazón, ergo, a la economía y la producción. Decime si a tu corazón se le enciende la pasión nacionalista cuando tenés que elegir entre un devaluado billete de mil pesos y su equivalente de apenas 8 dólares.  Un cepo que Alberto rechazó en campaña pero que mantuvo en gestión y del que negó un endurecimiento hasta hace dos semanas aunque lo aplicó, son la síntesis de la acuñada frase del ex Ministro Juan Carlos Pugliese en tiempos de caída libre del gobierno de Alfonsín: Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo. Esta semana dijo basta el corazón de su homónimo hijo tandilense, que murió a los 71 años por una fibrosis pulmonar. Pugliese tenía el corazón radical como millones que fueron a las urnas con la convicción de aquella Lista 3, por esas intuiciones del corazón. Después, ellos como el resto, padecieron las mismas patologías: desilusión y desconfianza. Es un golpe bajo al corazón que siente que ya no puede hacer otro esfuerzo, que no soportará otro engaño. En nuestra Argentina en la que han votado hasta los muertos, y nos salvamos en pandemia porque no había elecciones, hubo 3523 bonaerenses a los que el coronavirus les desactivó el corazón y no estaban registrados. Es que dicen que todos tenemos algún muerto en el placard. Imaginate en la provincia en la que viven 4 de cada 10 corazones argentinos y que tampoco sabe cómo controlar al virus que circula libremente, contagiando de a miles por día. La inoperancia y el desconocimiento se hicieron carne de una política mezquina y vengativa, que pasó la responsabilidad a cada individuo para que se cuide como pueda con protocolos sanitarios porque el virus contaminará la sangre que deberá bombear el corazón. Parafraseando a Ricky Martin en “Disparo al corazón”, así nos sentimos cuando conocemos el rostro oculto de la delincuencia. La que se llevó la vida del albañil Maximiliano Gorosito a los 40 años, que sin buscarlo le puso el pecho a dos balazos, al quedar en un auto en medio del fuego cruzado entre un policía de civil que resistió el robo de su moto en plena Autopista Ricchieri en Villa Madero.

O la vida perdida de Héctor Navia Penozo de 36 años, también por dos disparos, uno cerca del corazón, cuando con su hermano resistió el robo del auto en Merlo, y en el mismo lugar en el que la inseguridad le había arrebatado hace doce años a su padre Desiderio. Familias que terminan con el corazón destrozado por todos los que han perdido. Vivimos al compás del corazón de una justicia indolente, de garantista puerta giratoria, perseguida por los aprietes políticos en lugar de atender el espíritu de las leyes que son muy claras cuando penalmente van al corazón del delito. Sin embargo, van ganando la libertad refugiándose en el arresto domiciliario, ahora también Ricardo Jaime al menos por la Tragedia de Once y es una puñalada traicionera al corazón. Somos una sociedad que quisiera cantar como Palito con el corazón contento cuando se oxigena y respira el turismo. Muerto en vida hoy celebra el Turismo su Día Mundial, con las llamas arrasando el corazón de las sierras cordobesas. El electrocardiograma no muestra signos vitales en muchas actividades. La supervivencia parece ser solo para héroes escapados de la novela “Corazón Valiente”. Necesitamos de la bondad de Francella seduciendo a Julieta Díaz en la peli “Corazón de León” desde la baja estatura. Esa que con altura usó Leo para despedir desde el corazón a su amigo Luis Suárez, pasándole una factura más dura que el buró fax a la dirigencia y nueva conducción técnica del Barza. Ahora esperamos por la llegada de Messi con piel de selección, para romper el mote de pecho frío cuando salga muy pronto a una vacía Bombonera, ante Ecuador por las Eliminatorias rumbo a Qatar. La cancha que no tiembla sino que late como el corazón, y que volverá a pisar Boca este martes frente a Libertad, que se quedó sin Don Ramón como entrenador. Y convengamos que cada partido nos hace sufrir a los Bosteros para conseguir los tres puntos durante 90 minutos con el corazón en la Boca. Este lunes, en homenaje al nacimiento hace 102 años de Labruna, los primos celebrarán el día del hincha de River, porque nadie duda que como jugador y técnico Angelito mostró su corazón millonario. Tal vez es lo que muchos que tienen poder de decisión deben poner en práctica, para demostrar que tienen corazón y sienten empatía con el prójimo.

Con aquel que aparece como usurpador pero que fue expulsado por el sistema y engañado por especuladores, para quien un desalojo reprogramado en Guernica será un puñal y no una solución. Demostrar que se tiene corazón es comprometerse con soluciones que mejoren la calidad de vida de todos frente a ingresos devorados por la inflación. Corazones viejos y gastados, que no deben apagarse antes de tiempo, a los que no vamos a cuidar únicamente encerrándolos en sus casas para que no los ataque un virus. Solo vamos a ayudarlos si respondemos ante sus necesidades, después de una vida de trabajo y aportes. Corazones jóvenes, con energía y futuro, a los que debemos convencer que estas tierras son el lugar ideal para desarrollarse y crecer. Porque necesitamos de ese talento y esa sangre que nos ayudará a salir adelante. A pesar de que la virtualidad haya sido la movilizadora de la fe en el día de la Virgen de San Nicolás y de que se haya postergado la tradicional peregrinación a Luján. A los corazones debemos inyectarles confianza y optimismo en sus venas, con hechos concretos, herramientas útiles y ejemplos decentes. No alcanzan las palabras de aliento porque a esta altura son pura virtualidad que no llega al corazón. La Argentina demanda de mucha fuerza y energía, de quienes sienten una vibra apasionada, que moviliza los corazones.

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