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Cuento Editorial Territorio

2020-09-13-By Daniel Revol.

Desde sus orígenes la humanidad siempre luchó y abogó por una porción de tierra. De manera implícita, ese deseo está en el instinto de todos los seres vivos del planeta que coincidentemente en honor a dicho espíritu lleva su nombre: Tierra. Con su perfecta redondez para que giremos una y otra vez y volvamos a llegar al punto de partida, quizás sin respuestas ni soluciones. El ave, en el espacio aéreo, busca un lugar para cobijar su nido, y en la copa de un árbol o en el risco de un cerro, será su territorio para evitar que hasta allí se acerquen sus depredadores. El pez, en las profundidades de un curso de agua, buscará a través de la hembra que coloque sus huevos a la espera de la fecundación entre las piedras o sobre el lecho de tierra empapada.

Cualquier otra especie animal necesitará encontrar su espacio bajo tierra, en cuevas u hormigueros, o sobre la superficie, delimitándolo de manera casi imaginaria, con poca tolerancia a la convivencia con otras especies a las que puede considerar sus enemigas. Todos los que tenemos perros como mascotas, veremos cómo marca su territorio dejando su huella con orina en aquel lugar en el que su desarrollado olfato le indica que por allí estuvo uno de sus pares. Los humanos levantamos la bandera de la soberanía como lugar de pertenencia y desde muy pequeños fuimos preparados para defender ese terruño con nuestra sangre, si fuera necesario, en el contexto de una guerra. La tierra es aquello por lo que nos desvivimos, intentando recorrerla, conocerla y descubrirla, en la mayor cantidad de rincones posibles. Esa madre naturaleza que depositó toda su riqueza para que luego nosotros nos encarguemos muchas veces de descuidarla y arruinarla hasta el límite del maltrato y la extinción de sus recursos. Por el afán de explotar la tierra puede ser que no tengamos límites cuando entran en conflicto una vez más nuestros derechos con nuestras obligaciones. Esta semana, el pasado martes 8, se cumplieron 164 años de la instalación de la primera colonia agrícola de nuestro país. Ocurrió en Esperanza, vaya nombre para encarar un emprendimiento, en la provincia de Santa Fe, zona rica del núcleo productivo. Casi un siglo después, la fecha fue elegida para instituir el Día del Agricultor, en homenaje a los labradores responsables que trabajan la tierra.

Aquellos laboriosos que rotan los cultivos, preservan los nutrientes, no contaminan el suelo ni los restantes recursos. Los agricultores que echan raíces en nuestras tierras, van de la fina a la gruesa, de los frutales a los tubérculos, los que saben cómo sembrar para que la tierra devuelva con creces sin agotarse su capacidad de producción. Una especie de lo que el pueblo da, al pueblo vuelve, como debería ser para cada contribuyente a las arcas fiscales a cambio de una cosecha en obras. Lo que la tierra da, la tierra devuelve. Parece que en este suelo, las arcas fiscales no suelen ser tan transparentes como la hectárea sembrada. Y dejamos dos capítulos en suspenso para otra oportunidad, que son los impuestos a la producción agrícola y el manejo de la tecnología transgénica para que los cultivos tengan una mayor resistencia a las plagas y los factores adversos, desatando una polémica sobre lo orgánico de la huerta y lo biológico de los agroquímicos. Un territorio muy dividido con escaso aval científico para los detractores que son los promotores de la desconfianza. Ante-ayer se cumplieron 132 años de la muerte de uno de los grandes próceres de esta tierra, Sarmiento. Su nombre con mayúsculas deberíamos tomarlo como insignia diariamente, o al menos una vez a la semana, como hoy, domingo. Cada domingo deberíamos reflexionar en la jornada dedicada al descanso sobre ese hombre que no descansó un instante en pos del sueño de una gran república. Sarmiento en menos de 20 años de su prolífica carrera, ocupó todos los cargos de los distintos estamentos políticos para generar una verdadera revolución. Fue gobernador de su San Juan natal, senador nacional, ministro del Interior y en el medio de ese recorrido ocupó la presidencia durante 6 años. En su gestión ocurrió la epidemia de la fiebre amarilla. Realizó el primer censo nacional que contabilizó menos de 2 millones de habitantes y el 70% de ellos absolutamente analfabetos. Proyectó sembrar el suelo de la mayor cantidad de escuelas posibles. Levantó 800 establecimientos públicos y gratuitos en menos de 6 años. Esa siembra de educación en el suelo argentino le permitió aumentar la cosecha que pasó de 30 mil a 100 mil alumnos convirtiéndolo en padre del aula.

En su homenaje fue instituida la fecha de su muerte como el Día del Maestro con alcance Panamericano, ya que fue un ejemplo imitado por otras naciones. Por primera vez, esa fecha como el resto del virtual calendario escolar, se ha celebrado sin besos, abrazos, regalos y agradecimientos a la tarea de cada docente. Cada uno de ellos son labradores del futuro, depositando en cada estudiante una semilla que brotará en un oficio, una profesión, un talento que siempre llevará el ADN de su primera formación. No hay nada que nos dignifique más como personas que ayudar al otro para mejorarlo. Y nada es más generoso que compartir el conocimiento. Por eso, educar es ayudar a cultivar la tierra, a trabajar con las manos y el cerebro como orfebres o artesanos de lo que consideramos que estamos capacitados para hacer. Educar es ayudar a desarrollarse para generar nuestros ingresos en lugar de subsidiar un ingreso porque no estamos capacitados o no tenemos la oportunidad de generarlo por nuestros propios medios. Esa es la ecuación que seguramente deberíamos cambiar y solo podremos hacerlo con educación. Es como intentar calcular el valor de una porción de tierra. Sin cultivar no vale nada, y cultivada quizás no tenga precio. Lo mismo sucede con un individuo cuando está instruido y preparado para hacerse valer. El mapa del territorio argentino es sin dudas una topografía de añejas desigualdades. Pocos que tienen mucha tierra y muchos que no llegan a tener la superficie de una maceta. Hoy, domingo, en que se desarrolla la Colecta Nacional Más por Menos, es una buena oportunidad para que en honor a Domingo Faustino Sarmiento nos propongamos recalcular la mala distribución de la riqueza. Más por menos, una multiplicación que jamás debería terminar dividiéndonos. Pero en el reparto de la tierra, la grieta marcó el suelo y su sociedad. El déficit habitacional, la pobreza extrema, la falta de oportunidades y la avivada de inescrupulosos para hacer negocios, regaron el suelo con una lluvia de usurpaciones. Tomas de tierras en predios de los ferrocarriles en Victoria, levantadas pacíficamente por orden de la jueza Arroyo Salgado y una superficie mucho mayor en Guernica que debería desocuparse dentro de una semana, según lo dispuso el juez Rizzo de Cañuelas.

No parece tan fácil para que 2500 familias abandonen la precariedad en tierras tomadas a cambio de nada sin que vaya a convertirse ese suelo en un reguero de sangre similar al de una guerra. Aquello que rozaba la fantasía hace 7 décadas cuando Julio Cortázar escribió el cuento “Casa tomada” hoy está superado por la realidad multiplicada de una lucha de conquistadores anónimos, despojados por un sistema que se olvidó de registrarlos e incluirlos. El próximo domingo, se cumplirán 140 años de una decisión que tomó el sucesor de Sarmiento en la presidencia. Fue Nicolás Avellaneda quien desvinculó a la ciudad de Buenos Aires del territorio provincial homónimo, convirtiéndolo en el municipio autónomo que ya era reconocido como capital del país desde la Constitución de 1853. La llamada Federalización de Buenos Aires obviamente encontró una fuerte resistencia en la figura del gobernador Carlos Tejedor como corolario de una disputa ideológica interna traducida en dos líneas ferroviarias en polos opuestos: Roca al sur y Mitre al norte. En el siglo 21, la disputa territorial sigue siendo por los votos y por la caja. Como trepado a la punta del mástil de un barco conquistador, a la búsqueda de divisar tierra, Alberto se caracterizó de Rodrigo de Triana para detectar que donde hay caja, hay dinero. Al carajo con la coparticipación para sacarle a una Buenos Aires y darle a la otra. La ciudad a la que calificó unos días antes de opulenta aporta el 22% del PBI para recuperar el 3 y medio en impuestos. Y la tierra prometida del bastión peronista, la bonaerense, contribuye con el 40% para que le reingrese el 22. Con la policía, de la que una sórdida parte debe explicar la muerte de Facundo Astudillo, y sus ensordecedoras sirenas en pos de una mejora salarial que pasaron por alto con la anunciada inversión multimillonaria en el mega-plan de seguridad, frente al temor de dejar a la provincia convertida en tierra de nadie para la delincuencia, le echaron mano a la caja porteña para dársela a Axel. Una especie de Robin Hood o una federalización inversa, que según el presi viene a resolver la desigualdad de cuando Macrisis le dio dos puntos extras a Larreta también por la policía, que le había traspasado con recursos humanos, técnicos y económicos.

A quien había definido como su amigo lo llevó al territorio de una disputa judicial para que la mejora salarial de 44 mil pesos de bolsillo, cuadruplicación del monto por uniforme y triple valor de la hora extra de la poli bonaerense salga de recursos que estaban asignados a los porteños. La misma ciudad que tiene en su fuerza de seguridad al 80% de sus efectivos viviendo en tierra bonaerense y que atiende en sus hospitales a miles de argentinos de otras provincias o inclusive extranjeros sin cobertura. Pero a veces es mejor esconder la tierra debajo de la alfombra. Sarmiento quedó en la historia como el presidente que debió manejar la epidemia de fiebre amarilla que se cobró más de 30 mil vidas. Fernández escribe la historia de quien le toca conducir los destinos con la pandemia del Covid que hasta ahora lleva casi 550 mil contagiados y más de 11 mil fallecidos. Pasó un siglo y medio para que convivamos con la misma pobreza endémica de una estructura sanitaria insuficiente. De esas carencias se aprovecha un coronavirus que no sabe de límites para tomar todo el territorio y federalizarse. El hartazgo, la irresponsabilidad y la necesidad económica echan por tierra un sistema de fases que hoy solo parecen lunares. La cuarentena menguante encendió el semáforo de alerta en la tierra tandilense a la que acusaron de república separatista. La pandemia cosecha historias que rozan la morbosa incredulidad. En Mendoza, el entierro de un cuerpo equivocado, por un grosero error médico del personal de la clínica Santa María que dio por muerta a Dora Garro, una abuela recuperada como en una escena de “Esperando la carroza”. O lo sucedido en el límite territorial entre Corrientes y Entre Ríos, cuando en un control policial en la ruta 12 encontraron en el baúl a un ucraniano de un metro 90 y 150 kilos, desafiando la capacidad de carga de un Corsita. “Tragame tierra”, habrá dicho Viktor Melnyk cuando le cantaron pica y les retrucó con documentación de los Reales Tercios, una organización paramilitar con fidelidad a la corona española. Quien debía explicar el hecho y poner los pies sobre la tierra, el conductor Juan José Clucellas, empresario santafesino, para colmo tiene una armería que se llama “La Escondida”.

Como extraterrestres en una burbuja corren en San Nicolás los pilotos del TC, la categoría más popular que hace 83 años nació en circuitos de tierra. Y también sin público, por la conquista de la tierra americana futbolera, saldrán a las canchas de la Libertadores, los equipos que hoy contagian más coronavirus que pasión. Pareciera que algunos negocios deben activarse como sea. Fútbol, levántate y anda, al estilo de Lázaro, que escapado de la Biblia junto al calefón, sin fianza, logró la prisión domiciliaria pero no pudo entrar a su tierra del country Ayres del Pilar por la rebelión de sus vecinos. Tantas tierras y propiedades de dudosa procedencia para que Báez, con apellido de cartonero y pasado de bancario, logre refugiarse secretamente como la cigarra, bajo la tierra. Tanto expediente sucio como cancha embarrada. Al final, a Leo le marcaron la cancha, enterró el buró fax y se vistió de Barza en la tierra catalana para volver en un amistoso, como quien hace las paces ahora con el nuevo DT Koeman. Y el Loco Bielsa, en tierra inglesa, con traductor mediante, encendió las luces del Leeds otra vez en la Premier después de 16 años, y por muy poco el Leeds no pudo ante los 4 de Liverpool, los campeones a los que hizo bailar por un rato. Estas pampas vivieron su resistencia a los intentos de colonialismo extranjerizante en una mezcla de civilización y barbarie. Barbarie, siempre barbarie, como hace 19 años cumplidos ante-ayer, con el ataque aire-tierra de Al-Qaeda, usando aviones como misiles en el centro de comando del capitalismo. La respuesta con barbarie a la barbarie de los innumerables ataques estadounidenses a territorios independientes por la conquista de posiciones y riquezas. “Civilización y Barbarie”, como la describió Sarmiento. Estamos recordando los 30 años del asesinato de María Soledad Morales, uno de los casos más conmovedores que ocultaba el manejo del poder político y que nadie definía aún como un femicidio. Una carátula policial que hoy en cambio le cabe a Cristian Jerez de 19 años, por el abuso y asesinato de la adolescente Ludmila Pretti en Moreno. Es que el horror nos provoca un grito que desgarra la tierra. Es el grito ante la injusticia, el dolor, la desigualdad.

Solo con educación podremos reconstruirnos como sociedad para redistribuir la riqueza y convertirnos en una verdadera nación que abandone las actitudes feudales de los terratenientes. Un mapa físico nos muestra la diversidad argentina de tierras y climas. Y un mapa político que divide los territorios de las provincias solamente debería unirnos como argentinos. En un todo absoluto, donde nadie es superior al otro, sin amos ni señores. Como las ideas no se matan, algo que parece imposible, puede ser mucho más que una enseñanza escapada de una película idealista, que alimenta el sueño de los alumnos.

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