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CUENTO EDITORIAL CAMINO

By Daniel Revol.

Por supuesto que se construye al andar. No merece debate no solo porque lo expresa el Nano sino porque es un punto en el que todos vamos a coincidir, aunque veamos la realidad desde veredas opuestas y antagónicas.


Nos abrimos paso por la vida para dejar entrar nuestra huella. Hacemos maniobras bruscas, torpes y riesgosas. Cometemos infracciones y no siempre pagamos por ellas. Buscamos culpables en quien va a nuestro lado. Chocamos cuando confrontamos y volcamos en el momento en que perdemos nuestro propio control. Salimos lastimados, otras veces con magullones y algunas pocas realmente ilesos. Necesitamos de un GPS que nos oriente, de un radar que nos guíe, de un mapa que nos explique adónde estamos detenidos para saber qué trole hay que tomar. A lo largo de la historia que vamos escribiendo con nuestro propio presente, tomamos caminos equivocados, quizás porque nos desorientamos o bien porque no tenemos claro el objetivo. Ese es nuestro punto de partida, el kilómetro cero de nuestro trayecto. Para encarar el destino al que queremos llegar, lo que buscamos ser como personas para que a cada centímetro nos abramos paso. Cada vez que nos relacionamos nos proponemos metas. En nuestra formación educativa, en la interacción personal y social, en la pareja que elegimos y nos eligió, en la conformación de una familia. El camino nos sorprende, nos lleva a girar hacia otro punto, porque surgió una oportunidad de trabajo, porque la vida de a dos ya no responde a una toma de decisiones unilateral. Siempre vamos para adelante, aunque debamos retroceder unos cuantos kilómetros para retomar desde cero. Eso no nos cambia mucho, a pesar de que lo tomemos como una pérdida de tiempo, ya que cuando ponemos reversa y volvemos a pasar por el mismo lugar, descubriremos paisajes, personas y situaciones que no habíamos visto o que no estaban en el recorrido de ida. Lo único importante es nuestra brújula, que nos marque quiénes queremos ser, cómo deseamos comportarnos, hasta dónde intentaremos llegar. El camino correcto es el que respeta los límites propios para darle espacio a los ajenos. Es el que nos muestra solidarios cuando encontramos a alguien que se quedó varado y requiere de ayuda para seguir en rodaje.

Hace 95 años en la ciudad de Buenos Aires, se concretó el Primer Congreso Panamericano de Carreteras, con la participación de casi todos los países de Latinoamérica. Se buscó consenso por el camino del diálogo para cuestiones aduaneras, comerciales y de conectividad. Se instituyó a ese encuentro que fue un hito, el 5 de octubre, como Día del Camino. Y mirá que nosotros, que llevamos más de una quinta parte de un siglo dando vueltas por La Rotonda, somos especialistas en tomar caminos de información estilo polirrubro, de debate constructivo, de análisis por diagnóstico. No somos ejemplo de nada ni referentes de nadie, pero tenemos 21 años de kilómetros recorridos en comunicación, con miles de horas de vuelo por el aire del dial. Si somos un medio es que somos camino que une un extremo con otros al mismo tiempo. Es extraña la radiografía que nuestro mapa muestra, con provincias convertidas en fronteras como si fueran naciones autónomas en guerra. Parapetadas en retenes sanitarios, con trincheras biológicas en los caminos. Y dentro de cada uno de esos 24 distritos, ciudades, localidades, pueblos y hasta barrios, con caminos bloqueados, rutas cubiertas por terraplenes, vigiladas por fuerzas del orden y grupos de vecinos que marcan que por allí no pasarás. Y si salieras porque vivís en ese lugar, cuando regreses, tal vez no puedas volver a entrar, o deberás encerrarte en un aislamiento obligatorio y monitoreado, como aquel recluso que gana el arresto domiciliario con tobillera electrónica. Tal vez la pases peor que Lázaro, el de los caminos facturados con sobre-precios como obra pública de Austral Construcciones en la Patagonia, muchos de ellos ni siquiera construidos. Como escapado de una profecía bíblica, Lázaro se levantó para echarse a andar por la ruta del lavado de dinero. Pocos personajes son tan siniestramente más elocuentes que Báez, el cajero bancario predilecto de Néstor, para manejar su caja chica a lo grande. Como varios de los secretos mejor guardados por el kirchnerismo, Lázaro cumple con una prisión en una dirección sobre un camino solo conocido por Dios y la justicia. El mojón del kilómetro 14 de la Constitución Nacional se cayó en un bache de dimensiones inimaginables.

El artículo que nos otorga los derechos a entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino, es un vago recuerdo cajoneado en el escritorio de Olivos. Ese derecho gigante se escribe con letra chica, sin valor legal, por un DNU, junto al de trabajar y ejercer toda industria lícita. Amparándose en una emergencia sanitaria, nos prohibieron circular más allá de los límites barriales, salvo que estuvieramos exceptuado. Definieron con trazo grueso qué y quiénes son esenciales, como si no lo fueran el afecto, el aire libre y el relacionamiento familiar y social. Obedientes, millones se guardaron como si fueran las preciadas reservas del Banco Central. Respetuosamente interpretaron las medidas como sanas, y con cada pulgar levantado, aumentaron la imagen política de quienes caminaron cinco meses de cuarentena para crecer 30 puntos en la buena imagen y perderlos en el mismo lapso para volver al punto de partida. Es que un desconocido virus con alto poder de contagio se escapó de un laboratorio chino de dudosa sanidad para encaminarse a convertir al globo en pandemia. Infectando sangre humana viajó por rutas aéreas y marítimas a los cinco continentes. Sin pasaporte ni visa, se hizo camino al andar. Y con la fuerza de la presión económica para que una parte del artículo 14 se cumpliera, la circulación urbana fue el mejor caldo de cultivo para asociarse a la viral. Nos dijeron que estábamos en el camino correcto y muchos le creyeron. Puede ser que nos hayamos quedado a mitad de camino, o que cuando estuvimos al costado del camino era el momento en que todavía podíamos andar y cuando nos dijeron que se podía salir era cuando debíamos estacionar. Nos pintaron en el asfalto la doble línea amarilla de la curva de contagios cuando teníamos línea punteada de sobrepaso. Vamos camino al colapso sanitario en muchos puntos del mapa con casi 800 mil casos a un promedio de 11 mil diarios. Vamos camino a la última morada de casi 21 mil muertos,  argumentando que como tenían enfermedades de base o eran inmuno-deprimidos, el virus sin piedad se robó esas vidas para la corona.

Y si no nos reorganizamos sanitariamente, miles no llegarán al hospital, con un sinfín de cuadros y patologías que requieren el derecho de la atención médica, pero que deberán esperar porque por ahora solo funciona la ventanilla Covid. Entonces, hacemos camino arrastrándonos por el dolor que provoca más del 40% de pobreza y por el callejón sin salida para 6 de cada 10 chicos en la banquina de la indigencia. El camino de la democracia muestra el pavimento marcado por la desigualdad, con sueldos de funcionarios públicos que en muchos casos no cedieron un centímetro ni un centavo. Caminos de cintura política caníbal con enormes aparatos y estructuras que son motores que se consumen buena parte del gasto público. Con lo que ellos recorren un kilómetro de camino, la mayor parte de la ciudadanía camina cientos de kilómetros para buscar el ahorro. Ya no rige más aquello de los sueldos por la escalera y los precios por el ascensor. Ahora la inflación va por la autopista con telepeaje y los ingresos de los ciudadanos de a pie van por un camino de tierra, ripio, sin señalización e intransitable por las injusticias. Pero todavía tenemos que ver que discuten sobre si inseguridad es algo únicamente delictivo. Inseguridad es no tener la certeza del camino económico que tomamos, al que le ponen un cepo cambiario como si fuera el vehículo que quedó mal estacionado. Medidas que en el afán del camino por recuperar divisas y reservas, al campo le retienen menos para incentivar la liquidación. Clínicamente le diríamos retención de líquido, similar a la que practicás en un viaje que se te hace eterno hasta llegar a la primera estación de servicio. Una distancia que te parece un abismo y apenas una grieta. En cambio, la brecha cambiaria es una grieta cada vez más profunda, con un verde que acelera a fondo y un peso que retrocede en el sentido inverso del camino. Te dan ganas de gritar que al peso lo pasen a nafta pero hasta tenés miedo de que la vuelvan a ajustar, como estuvo a punto de ocurrir esta semana y solo lo frenaron por 10 días. Te caminan, te pasan todo para más adelante.

Obligaciones contractuales, retoques en los créditos, ajustes de alquileres, desalojos por incumplimiento, usurpaciones ilegales, aumentos en los servicios públicos, como si más adelante, en el camino no volvieran a aparecer las mismas piedras con las que vamos a tropezar. Muestran como una solución y un plan de navegación que nos vayan corriendo el problema a futuro, mientras perdemos el presente. Es un camino virtual en el tiempo, porque en algún momento nos dirán que ya estamos en el nivel que estuvimos hace 15 años. O sea que caminamos para atrás, pero nadie nos devuelve el tiempo entregado, malgastado, perdido. Será otro punto de partida. Y eso es inseguridad, cuando camina un sujeto con alteraciones mentales y un arma blanca en la mochila que agrede, insulta, descalifica, algo que muchas veces se ve inclusive en la alta esfera política. Y debatimos si una Taser paralizante es útil o retrasa como algunos pensamientos de las organizaciones de derechos humanos. Como escapado de la locura de un cuadro de Vincent Van Gogh, yace herido en la vereda del Museo Malba un policía de la montada, mientras media docena de compañeros y efectivos de de la Policía de la Ciudad no logran reducir y neutralizar a un sujeto peligroso. Juan Pablo Roldán muere en apenas 50 metros camino al Mater Dei. Y el agresor, de esos que temés que se te crucen en tu camino, tampoco resiste las heridas de bala para cerrar un expediente que no conocerá de la palabra justicia. Inseguridad es que un grupo de sicarios se cruce en el camino que recorría a diario el chofer Pablo Flores, a bordo del colectivo equivocado. Una víctima que no puede justificar un ataque por venganza que igualmente iba a producirse contra el verdadero conductor de la unidad 75 de la línea 218. Camino al cementerio, una caravana de dolor desgarrador por un padre de 37 años al que en su camino lo balearon sin poder de reacción ni de defensa. Nunca mejor puesto el nombre para un partido tomado por la peligrosidad: La Matanza. Claro que no podemos estigmatizar a un distrito y tampoco podemos minimizar todo a un robo, como si fuera el único delito que justifica la prevención policial.

Este viernes comenzará el juicio a Luis Chocobar, por supuesto abuso de autoridad e ilegítima defensa al policía que abatió al delincuente Juan Pablo Kukoc, en La Boca, tras el robo a un turista en Caminito. Ese Caminito que pintó Quinquela Martín y que con colores celeste y blanca volverá a vestir la Selección, para ir subiendo Scaloni por Scaloni el camino que debe desandar hacia el Mundial de Qatar. Ante Ecuador debemos cruzar el camino de un hemisferio a otro para modificar el ánimo. Con desafectados desgastados, con bajas obligadas, con el regreso de Leo a quien el portazo al Barza lo transformó en una salida giratoria para el camino de regreso de quien nunca se fue del club, aunque lo intentó, en España y en la Argentina. No siempre podemos conseguir el camino del Per Saltum para que la justicia nos de la razón porque la verdad tiene un solo camino aunque nos digan lo que no queremos escuchar.  Definitivamente todos los caminos conducen a Roma y puede dar fe Francisco, que nunca más volvió a estos pagos como papa. Caminos de fe que se movilizaron virtualmente en la tradicional peregrinación a Luján, para que no perdamos la esperanza de llegar al objetivo que nos merecemos como argentinos, protegidos por su santa patrona. Somos una sociedad que vive las penurias escapadas de una historieta. Chicos y grandes que reflexionamos con los ojos y la mente bien abiertos cuando leemos a Mafalda, camino al colegio, en el cole al trabajo, camino al sueño reparador y cargado de ilusiones. El destino quiso que el camino de la vida de su padre, que en la ficción no tenía nombre pero en la vida real era Joaquín, se apagara justo un día después de que la historieta de Mafalda, Guille y sus amigos, cumpliera 56 años, para congelar su infancia en la eterna edad de los 6, llenos de pura sabiduría. El mendocino Quino tuvo que escapar a Europa en los duros tiempos de Lavado de cerebros y persecución ideológica. Una etapa oscura como el Camino Negro, que nos llena de miedos e incertidumbre. Nuestra vida es un camino de ida y los caminos jamás deberían separarnos como sociedad. Los caminos como los puentes, que son prolongaciones de ellos, están hechos para unir. Por eso el diálogo es un camino para el consenso. No necesitamos que un sendero o una huella nos marque el camino.

También puede ser imaginario, en el aire cuando volamos o en las aguas cuando navegamos. Siempre hay un camino que buscará al faro como punto de encuentro. Si estamos confeccionados de buena madera, genética decente y sentido común, no es muy difícil entender cuál es el camino correcto que debemos tomar.

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