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Mar

By Daniel Revol

Cinco grandes masas de agua en todo el globo divididas en cientos de sectores que llevan nombre propio. Grandes espejos hídricos que se interconectan o que no tienen vía de escape ni cordón umbilical, con la semejanza de un gran lago.


Cubren prácticamente 70% del planeta llamado como la parte minoritaria. En un mundo democrático, gana el agua y gobierna la tierra. Podríamos creer que se gobierna desde la tierra pero es el agua ese gran dique que regula lo desconocido. Condición sine qua non que diferencia a esas masas líquidas de otras, no es la superficie sino el sabor salado de sus aguas. Hablamos de los cinco océanos y sus cientos de mares, que no celebran sus fechas conmemorativas en este mes, sino que respectivamente lo hacen el 8 de junio desde hace apenas 11 años y el 17 de marzo instituido 42 años atrás. Vivimos tiempos tan convulsionados que para desestresarnos necesitamos un viajecito bien lejos, por ejemplo a la Luna, para relajarnos en ese Mar de la Tranquilidad que tan bonito se ve desde la Tierra. Los científicos bautizaron como mares a esa treintena de sectores con forma de planicie de la superficie de nuestro satélite natural, símbolo del romanticismo y la carrera espacial, dos aspectos que siempre estuvieron muy en duda. No me vas a negar que el escepticismo por naturaleza te hace vacilar sobre aquel alunizaje de la NASA del mismo modo que te cuesta creer que existe el enamoramiento puro y mutuo. Algunos me responderán que hay pruebas claras y concretas, propias y de allegados, de que es posible enamorarse y ser correspondido. Muchos otros dirán en cambio que solo es posible creer en los amores de verano, flechazos de Cupido que aparecen a orillas del mar. Es que el mar tiene ese magnetismo único, que nos altera hormonalmente. Nos da energía, nos motiva, nos envuelve, nos arrulla, luego nos tranquiliza, nos enamora y produce esa atracción de disfrute pleno. Conozco muchas personas que repiten que sus vacaciones solo pueden programarse en destinos con mar, porque de lo contrario no serían vacaciones. Y si se combina el mar, en cualquiera de sus actitudes, con un anochecer despejado e iluminado por la luna, fundiéndose ese Mar de la Tranquilidad con las aguas mojándonos nuestros pies, es perfecto, en soledad o bien acompañados.


Ahora vamos a las otras partes, las desconocidas. La luna, que ahora tiene agua en forma de hielo, también tiene su otro lado que es oscuro, invisible desde la tierra, y el mar tiene una lejanía interminable, invisible desde la orilla más allá del horizonte, con una profundidad que parece infinita y temeraria. Es casi la síntesis perfecta del futuro de cualquier humano, ya que nunca sabemos hasta donde podremos llegar ni cuánto podemos caer. A este año le queda un mes y medio de supervivencia y vos dirás si preferís colocar el adverbio apenas o aún. Probemos qué pinta mejor y más realista: A 2020 apenas le queda un mes y medio o aún le queda un mes y medio. Podremos tener un mar de dudas en infinidad de temas pero no en esta definición. Hace 8 meses que como si nos refiriéramos a la luna, nos la pasamos hablando de fases: fase 1, 2, 3, otra vez 1, después 3 que parece una 5, y así tiramos al mar y por la borda, todo lo bueno que habíamos hecho. Luego de la ansiedad del encierro que se comió todo lo que había en la heladera, una decena de findes largos y las vacaciones de invierno, llegó la hora del turismo. Bueno, ponele que va a llegar la hora de remojarnos a orillas del mar, del lago, del río, del arroyo, de la piscina, de la pile de lona, la palangana o de poner las patas en la fuente, para colocarnos el overol peronista. Es el momento de las vacaciones, excepto para el personal de la salud que está con las baterías agotadas, pero olvidate de que les autoricen salir hasta marzo. Con una ola de contagios de Covid que mantiene un promedio de 10 mil diarios, superando el millón 300 mil y los 35 mil fallecidos, nos clavan la bandera de mar calmo, cuando en realidad está dudoso y tiene pinta de peligroso. Estamos como el gigantesco iceberg del tamaño de Madrid, que va camino a chocar contra una de las islas Georgias del Sur, con graves daños ecológicos para las colonias de lobos y pingüinos. Lejos del mar de gente de la avenida Corrientes, encendieron marquesinas y escenarios de algunos teatros, entre la necesidad de ingresar en la nueva normalidad, con decenas de rubros cerrados y postergados, porque el distanciamiento social es una misión imposible o tiene un costo tan alto que nadie pagaría.


El mar de fondo que trajo aquella cuarentena repentina y masiva con ataque de pánico, luego de haberse dormido en el cierre prematuro de fronteras que hubiera frenado la invasión viral de aviones y cruceros, nos hizo pagar estas consecuencias. En un país sumergido en la profundidad de la pobreza, sin resto para la ayuda más que tres paupérrimos IFE y siete ATP mal distribuidos, terminamos en el fondo del mar. Ahora, como cortina de humo, Axel sale al escenario para resucitar La Movida del Verano o Sonido desde la Costa. Sí, costa, Costa Pobre, diría Olmedo en otro exitoso personaje como aquel del Capitán Piluso. Prometen protocolos para embarcarnos a la deriva, que en lugar de desconectarte para el disfrute te pondrán tenso para evitar el contagio. Nos queda atravesar la etapa de las reuniones familiares y sociales de fin de año, que explotarán en este perfil cultural que tenemos los argentinos, que nos creemos inmunes aunque no se haya aprobado ninguna vacuna. Ocho meses navegando en la virtualidad frente a la pantalla, para que ahora sí nos coloquemos la pantalla solar. Verano a orillas del mar, luciendo el barbijo a tono con el traje de baño, que en el caso de las chicas con bikini sería un interesante modelo de tres piezas. Hasta que veas la media sombra que te dejó en la cara y te den ganas de gritar “tragame mar”. El maremoto que nos pasó por encima con 27% promedio de inflación, miles de comercios y Pymes quebrados o millones de empleos perdidos, dejaron fuera del sistema vacacional a una parte de los compatriotas que cuentan migajas para llegar al pan dulce navideño. ¿De eso tampoco se da cuenta el presi, que parece que va a contramano de todo? Pide responsabilidad conductual y lo gana la emoción en la mesaza con Morales, tras la asunción de Arce en Bolivia, que entre todos los desafíos debe seguir peleando por conseguir la mentada y necesaria salida al mar. Alberto por momentos pareciera que perdió el rumbo, a la deriva en este mar, y en nuestro mar-tirio. Anuncia DISPO, distanciamiento, y por los abrazos innecesarios con el contagiado Beliz, le dictaron ASPO, aislamiento. Donde manda capitán, no manda marinero.


Como la carta de Cristina sobre los funcionarios que no funcionan que eyectó a María Eugenia Bielsa para ubicar a Ferraresi en el Ministerio de Hábitat, cuando solo en tierras bonaerenses llegan a un centenar de usurpaciones en 25 municipios. Nos recibimos de campeones de remo para llegar a la costa en este sálvese quien pueda, con 550 empleos en duda en el que supo ser un majestuoso Parque de juegos y aventuras de Tigre. Tendremos verano, de eso no hay dudas, con calor, sequía y cortes de energía. Lo que no es tan seguro es que habrá vacaciones para muchos, que económicamente estamos en el Mar Muerto, con sus orillas en el punto más bajo en tierra firme, 400 metros bajo el nivel del mar. Salvo para ese 5% de los argentinos que tienen billetera suficiente para elegir el Mar Caribe sin importar si el dólar pirata tuvo un comportamiento de bajamar de 195 a 146 mangos en dos semanas y de pleamar con un rebrote estilo viral a 172 pesos en cinco días. Vos y yo esperamos el chaleco para mantenernos sobre la línea de flotación. Somos más parecidos a Tom Hanks en “Náufrago” o a Jim Carrey interpretando a Truman, cuando en el pueblo de la puesta en escena, Seaside, que significa al lado del mar, se decidió a conocer el mundo embarcándose al deseado destino de Fiji. Un telón de fondo lo hizo chocar contra la realidad que lo había observado 24 horas, presagiando el reality que hoy nos rodea. Cámaras que permiten registrar todo y prevenir algo, solo una parte en el mar de lágrimas de la violencia cotidiana. La obsesión de Sebastián Villarreal por la profe Julieta Antón, cuyo chaleco salvavidas fue la efectiva y rápida intervención policial en la escuela de danza de Belgrano. Causal o casualmente, el encierro parece ser el peor enemigo de las alteraciones psiquiátricas de potenciales femicidas. Paola Tacacho en Tucumán había hecho 13 denuncias que las autoridades subestimaron para ahogar a la joven profesora de inglés en el ataque de su alumno, Mauricio Parada Parejas. Una foto de un asteroide que chocaba contra un planeta fue el mensaje que indicaba que la taparía el agua en un baño de sangre y también lo ignoraron. A orillas del mar en Puerto Madryn, fue asesinada Lía Isis Vázquez, de solo 14 años, aparentemente por Gabriel Orellana, su ex cuñado, en un ataque alevoso.


Necesitamos un castigo fuerte hacia el violento con cumplimiento de las penas, pero el Congreso es alta mar tomado por la tormenta perfecta. Van por el impuesto solidario a las grandes fortunas que siempre estarán a flote; revisan la movilidad jubilatoria de los abuelos que están hundidos; promueven el aborto legal, seguro y gratuito que naufragó en el senado hace dos años; aprobaron el cannabis con fines medicinales que algún vivo se lo fumará para hacerse un viaje; apuran un Presupuesto 2021 ambicioso luego de que hiciera agua lo planeado para este año bajo el argumento de la pandemia. Como buen argentino vamos por la revancha, igual que Los Pumas, que en la victoria histórica ante los All Blacks no solo mostraron la garra sino que purgaron la mala imagen que dejó el deporte de los caballeros, ensuciado en su honor por los rugbiers zarateños que mataron a Fernando Báez Sosa en la pesadilla de las vacaciones geselinas a orillas del mar. Quedará como un sueño el fútbol playero en la arena como también quedaron la televisación abierta y la vuelta del público en el forzado torneo de primera. Pasó un Ciclón por Mardel para golear al Tiburón; un Arsenal vecino hundió en el fondo de la tabla y del mar a la Academia al comando de un nervioso Beccacece; y se gritó fuerte en el Malvinas Argentinas mendocino el gol juvenil del Gallardo River, el equipo del Muñeco Mar-celo. Hoy, soltará amarras desde La Boca hacia los Talleres el invicto de Miguel Ángel Russo, cuyas iniciales M.A.R. para no ser menos, se leen como MAR. En esa Bombonera, a pocas cuadras del Río de la Plata que descubrió Solís y llamó Mar Dulce, aún resuena el grito de dolor por la fractura lumbar de Exequiel Palacios, a quien las rodillas de Romero, con poco Ángel, le pegaron con la fuerza de una ola en la espalda. La Selección ya piensa en el desembarco en Lima, la única capital sudamericana recostada sobre el mar Pacífico, para la misión Qatar. Nos planteamos si era necesario el charter transatlántico para que viaje Martínez Quarta a convertir el infantil penal. Y revisamos el reglamento que anuló el gol de Leo, escapado de la camiseta del Barza a orillas del Mar Mediterráneo, tras el toqueteo arquitectónico de Gaudí durante casi 30 segundos, a ver si el VAR permite retrotraer los fallos de tal forma que podría llegar a la Mano de Dios de Diego a los ingleses. Cambiaría la historia de la turbulenta vida de Maradona, a quien la fama, los excesos y el alcohol marearon al propio capitán del buque. Un nuevo hogar y una hoja de ruta planeada por un médico joven, con nombre y apellido de otro goleador y campeón, Leopoldo Luque. Aquel Mundial de los tiempos difíciles y tenebrosos de la historia argentina, con cuerpos de desaparecidos arrojados al mar. A los manotazos, la democracia busca lavar la imagen de sus fuerzas armadas, imprescindibles para resguardar la soberanía de la nación. Y esta democracia debe investigar a fondo lo sucedido con el submarino que yace en las profundidades del Atlántico. Buscar y juzgar la responsabilidad militar, ministerial y hasta presidencial de aquella Macrisis que habría ocultado la ubicación de la nave mientras hacía espionaje a los familiares de los tripulantes. Una batalla por aire, mar y tierra de cuatro años de gestión que dejó al país hundido. Hoy se cumplen tres años de la última señal de vida de los 43 hombres y una mujer que quedaron sepultados en el ARA San Juan, luego de la implosión de sus baterías por una falla técnica que seguramente hubiera sido evitable. Todos sabemos que hay profesiones de mayor riesgo, pero eso no puede ser un justificativo para la martirización. Del mismo modo que meternos en el mar a nadar, surfear o navegar es un riesgo que hace a la responsabilidad de cada uno. Ese mar que ha sido una invitación a la depresión y la angustia de miles de seres. En la playa La Perla, a los 46 de edad y hace 82 años cumplidos el pasado 25 de octubre de madrugada, se adentró en el mar Alfonsina Storni, con su mente lúcida y su cuerpo dolorido, luego de tres años de sufrimiento por una operación de cáncer de mama metastásico. La brillante poetisa eligió el magnetismo del océano en su amada Mar del Plata para escribir su último verso. Alfonsina había nacido en Suiza, pero cuando llegó a la Argentina, de niña vivió en la provincia en la que sus padres tuvieron una bodega: San Juan. El mismo nombre del submarino que desde hace 3 años yace en el fondo del mar y que demandó exactamente un año de supuesta búsqueda entre 18 países hasta el comunicado oficial de su localización, por el que se pagó a la empresa Ocean Infinity.


Esa es la infinidad del mar, en cuyo lecho plantamos una bandera argentina eternamente a media asta. El mar argentino tiene 44 nuevos habitantes, 44 héroes. El mar argentino tiene 44 nuevas gotas.


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