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Cuento Editorial Primavera.

By Daniel Revol.


Es la extraña sensación de que algo nuevo comienza. Algo comparable con el cambio de calendario, cuando nos proponemos desafíos que nos superen para enterrar situaciones ingratas y malos recuerdos. Nada cambia por el mero hecho de mover una hoja del almanaque o de la agenda, sino que todo es muy gradual, progresivo, y ni siquiera implica que sea para mejorar. Dos estaciones completas pasaron a un archivo al que esperamos no tener que revisar jamás. Dos estaciones completas, otoño e invierno, que ojalá nos hayan dejado enseñanzas y aprendizajes, como este mes en el que se celebraron en la virtualidad los días del Maestro en homenaje a Sarmiento y del Profesor en honor a Estrada.


Un semestre entero, entre un equinoccio y el otro, para que la mitad de la población haya cumplido primaveras y haya soplado velitas en la intimidad del hogar, pidiendo al unísono el deseo de no repetir esta inimaginable experiencia. El paso de una estación a otra es una bisagra. Casi como caprichosamente, un 20 de setiembre hace 116 años, se sancionaba la primera Ley de Jubilación en estas tierras, en tiempos del conquistador con rasgos de terrateniente genocida, Julio Argentino Roca. Ese día por calendario es el último del invierno en esta parte austral del globo. Una etapa que suele ser la más difícil de sobrellevar por la hostilidad y el rigor de las bajas temperaturas. El invierno es sinónimo de envejecimiento, en un proceso en el que nos quedamos sin fuerzas, se nos seca hasta el cuerpo y tenemos la necesidad de guardarnos entre abrigos y paredes para generar un micro-clima que nos calefaccione. Más que nunca, este 2020 vino a ratificar el aislamiento con características de acuartelamiento. El último día del invierno para que se celebre en coincidencia el día del Jubilado, que ha entregado el esfuerzo de su vida en pos del único privilegio de la supervivencia. Y al día siguiente, con la llegada de la primavera, se consagra el día del Estudiante, el polo opuesto, el sinónimo de juventud que carga con un futuro por explorar y construir. Primavera equivale a desarrollo y crecimiento. Es la savia de la vegetación en su máxima expresión. Es una detonación hormonal en la sangre del reino animal, que nos altera en cuerpo y mente.

Primavera significa primer verdor, porque la llegada pausada de temperaturas más benévolas con la proximidad al calor del sol, genera el nacimiento o el renacimiento de aquello que el frío había secado al punto casi de extinguirlo. En coincidencia, el estudiante sale a celebrar un día asociado al enamoramiento, y no justamente de los libros y las materias. Nuestra cultura instituyó entre los festejos casi obligados al día de la Primavera y del Estudiante, con el despliegue de pic-nics al aire libre, mateadas, guitarreadas y juegos, que en muchos casos se han desvirtuado con excesos y sustancias tóxicas. Todo forma parte de la vieja normalidad. Se cumplen 185 días de encierro, cuarentena y distanciamiento. 185 es el equivalente a los días de clases obligatorios que se han pactado para los ciclos lectivos y que esta vez, en los casos en que la conectividad a internet lo permitiera, se han suplido con la educación virtual, sin que tenga un punto certero de comparación. El otoño y el invierno se nos fueron haciendo lo que se pudo y como se pudo en todo orden de la vida. Apostamos a que la llegada de la primavera desinfecte tiempo y espacio para que fragancias y colores nos permitan renovarnos, saliendo del placard en el que nos refugiamos como quien se resguardó en un bunker bélico de los ataques de enemigos a los que les declaramos la guerra. Nos dicen que el problema Covid no está resuelto. Flor de problema. Una especie de nomeolvides para el coronavirus y todas sus recomendaciones de protección personal y comunitaria. Imaginamos que alguna vez volverán a florecer las sonrisas camufladas detrás de esos barbijos caseros, que nos quitan el aliento para seguir adelante. Con el polen y los ácaros en su máxima expresión llegan los tiempos de las alergias, y cualquier estornudo es una señal de alerta que ahuyenta todo lo que está alrededor, estigmatizándonos como potenciales focos de contagios. Nos dicen que estamos lejos de llegar a la verde pradera que nos permita relajarnos mientras nos hablan de un amesetamiento de la ola de infecciones que tiene números que nos dejan helados.

Hasta dónde soportará el sistema tecnológico y humano en lo sanitario con promedios de 11 mil diarios, casi 625 mil afectados y 13 mil vidas perdidas. Insisten con que el esfuerzo valió la pena, después de haber hibernado como tortugas, y nos dan ganas de meternos nuevamente bajo el caparazón. Estuvimos en nuestras cuevas, cavernas, nidos y hormigueros durante semanas, meses, sin contacto corporal con el mundo externo hasta que los bolsillos se rompieron y el hartazgo se envalentonó. Imaginate si al comenzar el otoño nos hubieran dicho que este cuadro de complejidad de un virus indomable, iba a extenderse hasta la primavera. Más de una docena de renovaciones de cuarentenas que comenzaron con el Triunvirato oficialista-opositor abroquelado, ensayando clases prácticas de cuadros, estadísticas y curvas, para terminar con un video de dos minutos que le deja la responsabilidad al gobernante de cada distrito, en una especie de arreglate como puedas. Es como si ya no necesitáramos del abrigo protector de una Presidencia que nos cuidaba y ante la llegada de la primavera, pudiéramos ir despojándonos de la ropa según lo dictamine nuestro propio termostato. Nunca se discutió que la primera responsabilidad para no contagiarse es del ciudadano, como con cualquier enfermedad. Y que la primera herramienta que debe entregar el Estado es la información, aunque vino bastante fallada, contradictoria y emparchada. Necesitaban tiempo para mejorar la infraestructura y se lo dimos. Cuando  la necesidad económica demandó las reaperturas, bajo presión tuvieron que otorgarlas. Ahora, como en una ensalada primavera, todo se mezcla, y andá a encontrar al Covid entre todos los ingredientes. En la misma ensaladera van el irresponsable que podría evitar una salida y quien no tiene más remedio que ganar la calle o subirse al transporte público para conseguir el alimento. Sin controles, en la ensalada primavera dejamos que cada uno le eche sal, condimentos y aderezos a su gusto. Y ahora nos enteramos que muchos de esos ingredientes, como la cebolla morada, las alcaparras y el brócoli tienen quercetina, una molécula que desestabiliza una proteína del coronavirus y podría bloquearlo.

A falta de una vacuna que podría llegar para la primavera del hemisferio norte y a la que el papa Francisco pidió que sea con alcance universal, nos conformamos con ponerle quercetina a las comidas. El virus impiadoso tomó nuestro mapa por completo, como esas medidas generalizadas que nos dejan a todos arruinados. Niveló para abajo y dejó al área metropolitana con cifras muy altas para salir a infectar una decena de provincias y equilibrar la balanza con medio país muy contagiado. Un virus democrático, federal, como la cuarentena que era para todos y como la primavera que llega para todos. O para casi todos, porque infinidad de rubros que dependen de la sociabilización y el contacto entre las personas siguen y continuarán postergados, en el más cruel y silencioso de los inviernos. Cultura, entretenimiento, espectáculos, esparcimiento, recreación, deportes, turismo, son parte de los espacios en los que no es posible la distancia social ni el uso permanente de un barbijo, y son la fuente de empleo de miles y miles de emprendedores y trabajadores. A ellos debería orientarse un subsidio que compense y sostenga esas industrias que no tienen un plan Primavera que las apuntale. Plan Primavera, un nombre urticante que nos causa alergia, al rememorar una parte de los tantos tiempos difíciles de los argentinos. Aquel en el que Alfonsín perdió la brújula y nos quedamos sentados en la estación a la espera de un tren de prosperidad que la democracia anunciaba pero que nunca pasó. Flagelos endémicos como inflación y endeudamiento de los que nunca pudimos operarnos y que contagiaron más pobreza. Al Plan Primavera de Juan Sourrouille le faltó algo Vital, equivalente al segundo nombre del Ministro: la confianza. El plan que reemplazó al que llevaba un nombre sinónimo del frío invierno, el Austral, nació en la Primavera del 88 y murió en el verano del 89. Atrás llegó Pugliese, con un sincericidio que acuñó una frase para la posteridad: “les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”. La sinceridad no suele ser una receta política que caiga bien. Duhalde y sus dejá vu que suelen atacar su paramnesia del reconocimiento, ahora dice que ve al presi Alberto en una estadío grogui, similar al de De la Rúa.

Válgame Dios, que no se le ocurra ver “Sexto Sentido” y cuanto antes ármenle una programación de películas más optimistas, como “Primavera” de producción nacional, con Catarina Spinetta y el Chino Darín. O sienten a Duhalde a ver un sinfín de “Los Martes Orquídeas”, con Mirtha, a la que solamente la cuarentena la pudo alejar de sus mesazas que dejó a cargo de su mejor rosa rococó rosada, Juanita. Es momento de dejarle espacio solidariamente a los nuevos brotes verdes. Barbijo a la gente y más cepo al dólar. Un verde que venía con impuesto País y con recargo del 35% ahora para que se ubique por encima de los 130 pesos. Y un verde blue en el mercado negro para que toque los 150 en multicolores. Sin embargo, según el presi, los verdes son para invertir y no son para guardar. El Plan Primavera se repite: congelamiento de combustibles pero con un retoque del 3 y medio al 5% nivelando para arriba la desigualdad de precios entre Capital y el interior. Hay más Plan Primavera: inflación del 2,7 en agosto y casi 19% en lo que va del año. Y más, con congelamiento de tarifas públicas en los servicios hasta que termine la estación y después, agarrate Catalina que vamos a galopar un 2021 con achicamiento de subsidios. Luz verde para la salida de inversores: levantó vuelo Latam, guarda sus pilchas Falabella, carga todo en las mochilas Glovo. Decime si la receta de la ensalada Primavera o del Plan Primavera no te resulta conocida de la época de nuestros padres y abuelos. Es más, avísenle a Duhalde que algunas películas ya las vimos. La tierra fértil que quiere florecer está usurpada por las desigualdades sociales y la crisis habitacional. Y esta semana, cuando quieran desalojarla, la convulsión podría estallar con furia social. Con la primavera comienza la cosecha de la fina: trigo, cebada y centeno, ya que a los tres jueces que investigaron los cuadernos de Oscar Centeno, el senado comandado por Cristina los pasó a cuarteles de invierno. Y ahora, que resuelva la Corte, que suele tomarse varias estaciones del año para algunos asuntos. Y va sumando, porque a la Corte le pasaron el reclamo del punto de coparticipación que Alberto le quitó a los porteños para darle a los bonaerenses y no conforme duplicaría la apuesta.

Frazada corta, quitándole a unos para entregarle a otros, como si la condición de primavera resolviera si es conveniente taparte los pies o la cabeza. Corte de manga de Alberto al que llamó su amigo. Corte y confección, la Colección Primavera que no pudo sacar Elsa Serrano, a quien el fuego le consumió la vida. La modista a la que muchos admiraban porque marcaba tendencia en el mundo de las celebridades y la política, cubrió la piel de Zulema y Zulemita. Pero jamás hubiera aconsejado aquel tapado polémico de María Julia Alsogaray para la tapa de Noticias de julio del 90. Como si la ingeniera del menemismo hubiera seguido el consejo de su padre con aquella frase en el gobierno de Frondizi cuando recomendaba pasar el invierno. Con frazada corta, ojalá que la primavera sea en todo sentido, mucho más benévola que el invierno, tan cruel como la inseguridad al acecho, que a bordo de moto-chorros ataca sin distinción de clases sociales o de lugares supuestamente más seguros. Esos delitos que la desbordada policía no llega a controlar. O que la inoperancia policial la convierte en cómplice. O lo que es peor, la vuelve en enemiga si se comprueba la responsabilidad con los nuevos peritajes al patrullero y el hallazgo de más objetos comprometedores para la Bonaerense por el homicidio de Facundo Astudillo Castro. Ojalá que la primavera serene los ánimos de esa locura callejera que en una picada se llevó la vida de Tahiel Contreras, con solo 6 años en Laferrere. Apenas un pequeño inocente, como el de dos años al que sobre las vías, Damián Solari, maquinista del Roca logró salvar al activar el freno de emergencia a la altura de Guernica. Con las flores de la primavera salen algunas espinas que te despiertan dolor al pincharte. Y otras, como Romina Malaspina, se duermen al volante para terminar incrustadas contra un colectivo estacionado. Parece que la primavera envalentona, y cuando recordamos los 11 años de la hazaña de la Torre de Tandil ante Federer, se agiganta la figura del Peque. Con apellido de súper-héroe, Schwartzman se caracterizó como Nerón para quemar todos los papeles en el Masters de Roma al eliminar a Nadal, el joven maravilla mallorquín. Jóvenes que en esta primavera deberán cuidarse y abstenerse como nunca. Son tiempos de responsabilidad ciudadana.

Aunque el fútbol vuelva a levantar una contagiosa fiebre en su regreso al ruedo de la Libertadores, no debemos dejarnos llevar por el impulso. La primavera es una tentación para que explotemos hormonalmente. Es una invitación para ganar la calle, pero esta vez, deberíamos evitarlo. Aunque sobren motivos de malhumor y malestar social. Aunque sobren razones de descontento e indignación. La primavera no debe hacernos perder el eje, por más que tomemos precauciones y recaudos. Por más que daría la impresión de que mientras nosotros estamos en la primavera del hemisferio sur, nuestros gobernantes actúan como si estuvieran en el otoño del hemisferio norte. Parecemos polos opuestos, como el oficialismo y la oposición, o la interna oficialista que también tiene su propia oposición. Ya reprobamos en otoño y en invierno, sacándonos un cero. No repitamos ni apostemos entonces a reiterar esa situación. Apostemos mejor a que no exista esa Primavera Cero a la que de fondo viene cantándole Soda Stereo. Placa verde porque como cada año estallará la primavera. Y como entona Abel, la gente saldrá a la calle aunque esta vez será con un tapabocas como detalle. Ahora más que nunca dependerá de todos nosotros que solo nos contagiemos de responsabilidad y esfuerzo para que esta primavera sea únicamente el comienzo de algo nuevo.

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