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Diversidad

Somos todos iguales a pesar de que seamos todos distintos. Dicho de esta manera suena como mínimo contradictorio. En todo caso deberíamos expresar que todos tendríamos que ser tratados con igualdad aunque seamos diferentes. Tampoco suena coherente.


Si lo que proclamamos es el Respeto a la Diversidad Cultural, al institucionalizar el 12 de octubre con esa etiqueta, cuál sería la razón para que lo diverso sea estandarizado como igualitario. ¿Podemos tratar a un rico como se trata a un pobre, aplicándole a uno y al otro la misma carga tributaria? ¿Debemos aplicar el mismo nivel de exigencia a quien tiene capacidades motrices disminuidas que a quien puede mover todos sus órganos o músculos? ¿Nos animamos a sobrecargar con el mismo esfuerzo a la mujer como lo hacemos con el varón? Definitivamente no. El sexo femenino ha obtenido justas y merecidas conquistas en su lucha por la igualdad de género. Buscó una equiparación de derechos por ejemplo ante la oportunidad de trabajo y de ingresos en paridad con los hombres. Batalló para que en la función y gestión públicas tengan las mismas posibilidades de postularse y todavía corren con cierta desventaja porque el cupo femenino habla de un tercio y no de una mitad de las vacantes. Aquellas personas con alguna incapacidad, después de otra titánica lucha, han conseguido beneficios y alternativas para equipararse a fuerza de superación mientras otros que tienen todo su potencial para desarrollarse ni siquiera lo intentan. La igualdad de género y la discapacidad debieron romper barreras culturales y arquitectónicas. Machismo y soberbia nos hicieron creer seres superiores. Se logró con fórceps terminar con el orgullosamente hipócrita cepo de la discriminación. Esos fórceps fueron leyes que nacieron del coraje de quienes se comprometieron como ciudadanos. Una diversidad de debates, posturas cruzadas y antagónicas pugnaron entre la mayoría numérica, la posición ideológica y hasta la creencia religiosa en innumerables propuestas frente al olvido de la existencia de una Constitución Nacional que nos iguale a todos. Casi que también olvidaron que la abolición de la esclavitud ocurrió durante la Asamblea del año 13, hace más de dos siglos.

De fondo, ruge la contundente letra de León Gieco para remarcar que en la ley de la selva, hace más de cinco siglos, nada cambia. Desde aquella colonización en pos de la apropiación de este continente y su diversidad de riquezas, todo sigue igual, o peor. Empoderados terratenientes, que desde la altanería de la billetera forrada, creen que todo es material o al mejor postor. Esos conquistadores tenían la misión de ir por más y los que lo heredaron practican la ambición de quedarse con todo. Un cargo público o un pedazo de espacio político acarrean beneficios, otorga inmunidad, eleva a un estatus por encima de la humillación. Humildad les falta para rebajarse una parte o la totalidad de sus fastuosos ingresos provenientes del sacrificio de los contribuyentes y aportantes. Y todavía tienen el tupé de llamar a los sueldos como dietas, frente a un pueblo escuálido que se sumerge por debajo de la línea de flotación. Pero te hablan del respeto a la diversidad cultural. Si fuera la cultura del trabajo, sería a igual esfuerzo, igual ingreso. No puedo explicarte la indignación que me genera que quienes practican el lenguaje de la cultura del ahorro en pesos para respaldar nuestra moneda, concentren sus depósitos en dólares. Ese es el punto en el que entran en colisión la diversidad de la boca para afuera con la igualdad de la conciencia para adentro. El Día del Respeto a la Diversidad sería algo así como respetar que hay una diversidad de precios para el dólar billete, que va desde los 80 pesos, imposibles de conseguir pero cotizados a ese valor para quienes deben liquidar divisas por exportaciones, hasta el doble, 160, para los que deben salir al mercado negro de la informalidad a la búsqueda de lo legal que por decreto les prohibieron. En tiempos de primavera, donde reinan los brotes verdes, tomemos el ejemplo de la biodiversidad, con especies de vegetación diferentes en su tipo que necesitan del mismo trato de la naturaleza para la supervivencia. En la biodiversidad todas requieren de oxígeno, luz, hidratación y tierra.  Algunas demandan más agua, otras se las rebuscan con menor exposición al sol y al aire, varias se las arreglan con el humus más raleado de nutrientes para desarrollarse. La diferencia en la biodiversidad vegetal es que todas las especies son distintas. En cambio, los humanos estamos confeccionadas de la misma genética.

Sin embargo, algunos se las arreglan con una alimentación insatisfecha, sin territorio para echar raíces, sin condiciones sanitarias básicas y asfixiados por la presión económica y tributaria. Y encima, tienen que soportar que les prediquen el respeto en un mundo igualitario cuando promueven la diversidad en función de la desigualdad. Conclusión: La diversidad aplica solo cuando se ejecuta la igualdad que nos pone a todos en el mismo punto de equilibrio de la balanza y nos mide con la misma vara. Cuando vamos a elecciones, vale lo mismo el voto del rico que el del pobre. Pero cuando los candidatos ocupan sus cargos para los que fueron electos, no valen lo mismo sus ingresos y beneficios que los de muchos de sus votantes. En la diversidad de los casi 200 impuestos que existen en nuestro mapa, los que más pagan son quienes menos tienen. Por el solo hecho de castigar con un 21% de IVA al consumo de lo más elemental, se están metiendo en el bolsillo más descosido. Varias generaciones crecimos a la sombra de la celebración del descubrimiento de nuestro continente enmarcado por el Día de la Raza. Luego pasamos casi al status quo de conmemorar u homenajear a aquellos pueblos originarios que fueron despojados en las sucesivas conquistas que tuvieron su puntapié con la llegada de Colón hace 528 años. Cinco siglos de guerras por la tierra y su riqueza, entre exterminios salvajes, apropiaciones ilegítimas, explotación humana. Próceres que bregaron por la independencia y que forjaron el nacimiento de naciones cargadas de una diversidad cultural de ADN europeo y asiático mezclado con sangre gaucha, criolla y aborigen. Un canibalismo forajido que actuó sin piedad y que hoy aún planta banderas para demostrarnos que no todos somos iguales y que existe una diversidad cultural que está más preocupada por marcar la diferencia que por luchar por la igualdad. Solo nos iguala la muerte, a pesar de la diversidad de funerales que hay en el mercado. Pareciera que nos iguala una pandemia, con un virus que no sabe de pasaportes ni visas para atravesar fronteras. Tenemos una diversidad de vacunas para infecciones respiratorias y ninguna sirve para el coronavirus. Una diversidad de medidas de cuarentena y aislamiento que no fueron suficientes para frenar su avance.

Una diversidad de desaciertos en una diversidad de anuncios oficiales para que se produzca el resultado inverso. Eso sí, Alberto apostó a la igualdad porque cada dos o tres semanas apareció con un anuncio igual al anterior, prorrogando lo que ya nadie entiende qué es ni para qué sirve y por lo tanto casi nadie cumple. Una diversidad de los más variados rubros heridos o muertos por un cierre obligado, como si no fuera suficiente la diversidad de mártires que supimos conseguir en la historia trágica de los yerros económicos. Tenemos una diversidad de 900 mil infectados de las más diversas clases, edades, barrios, ciudades y provincias. Tenemos 24 mil vidas perdidas, en igual diversidad etaria y geográfica. Tenemos una diversidad de una docena de vacunas esperanzadoras en una interminable vigilia. Y una diversidad de anuncios prometedores que fueron corriendo plazos e ilusiones para que todos terminemos en igualdad de preocupaciones y angustia. Se nos va el año sin clases, sin viajes, sin reuniones sociales, en el abanico de la diversidad de prohibiciones. Y nos prometen un verano impracticable, con una ola de contagios federalizada en la diversidad cultural de provincias con sus tonadas, costumbres, rituales y sabores, detrás de barbijos que nos igualan para borrarnos una feliz sonrisa que ya no tenemos aunque no nos taparán la boca para expresarnos. Porque si en serio quieren fomentar el respeto a la diversidad cultural y aplicar la igualdad de todos ante la ley, sepan que no se hace con palabras huecas o medidas vacías. Es absurdamente contradictorio que la vicepresidente que pretende que la llamen presidenta del Senado sea la misma que promueve el uso inventado de la palabra “todes” para referirse a todos. Inclusión no es imponer un lenguaje de manera arbitraria. Ser inclusivo es exigir que los impuestos al trabajo que paga lamentablemente el común de la gente se apliquen también en los salarios estatales de los rangos más altos de los tres poderes. Inclusión sería que no existan las jubilaciones de privilegio, la portación de apellido, la chapa del cargo, la discrecionalidad de gastos ni el perverso juego del amiguismo del poder. Igualdad es marcar la cancha para que sepan que no hay una diversidad de violación de los derechos humanos sino que es tan condenable el régimen venezolano de izquierda como uno de derecha. Porque la raza humana es una sola a pesar de que existe una diversidad de derechos que una buena parte no puede disfrutar. El derecho  a vivir tranquilo y seguro se ve asediado por una diversidad de modos delictivos que tienen la misma finalidad: la violenta cultura del robo. Esta semana le tocó a Gerardo Caivano experimentar el calvario de diversas amenazas después de actuar en defensa de su vehículo, al dispararle de muerte a Nahuel Leiva, un adolescente ladrón. Otra vez La Matanza en la diversidad del mapa criminal para que rebrote la diversidad de posturas: desde la justicia por mano propia y la legítima de defensa hasta la criminalidad del exceso de uso de arma de fuego para un panadero al que quieren poner al horno, aunque se haya arrepentido. En el medio de la disputa por la diversidad de criterios, a la zona liberada entra la igualdad. El victimario pasa a ser víctima y la víctima un victimario. Todo se iguala para confundir. Se juzga al policía Chocobar por abatir a un ladrón cuando escapaba, porque en la diversidad del Código Penal todos tienen derecho a una defensa. Y  una sociedad culturalmente preparada para buscar su bienestar solo se dignifica con argumentos sólidos que castiguen a quien apostó a la cultura del delito. Hay una diversidad de procedimientos de manual para que ni se premie al policía como lo hizo Macri ni se lo castigue desde los supuestos tribunales del humanismo, cuando aún no se expidió la justicia. Es algo bastante difícil de digerir cuando estamos acostumbrados a opinar como ciudadanos en una diversidad de temas y tomamos posiciones que hasta suelen contradecirse, convirtiéndonos en fundamentalistas seriales. Discutir nos resulta tan apasionante frente a una sorprendente diversidad de respuestas que puede darnos la vida. Nos cuesta entender por qué causa hay una diversidad de perfiles, actitudes y compromisos en el juego de un mismo futbolista como Leo Messi, cuando se viste de catalán o muestra su piel criolla. Pensamos si en la diversidad de la cultura futbolera autóctona Scaloni hizo la mejor selección posible para sumar millas rumbo a Qatar. Una diversidad de dudas retumbaron desde la Bombonera para plantearnos si estarán en La Paz a la altura de las circunstancias.

Es que la diversidad impone respeto cuando en París el Peque Schwartzman se hizo otra vez gigante y Nadia Podoroska se puso de igual a igual con las mejores rankeadas. Nuestro tenis vuelve a ilusionarnos y se lleva la mirada elogiosa más diversa de pares y referentes del deporte global de la diversidad de disciplinas. Será que necesitamos volver a creer en nosotros mismos. Habrá que buscar la fórmula que nos inmunice contra la corrupción y el medicamento que reemplace un IFE por un empleo genuino. Descubramos la dosis de confianza que nos inyecte tolerancia en la diversidad de pensamiento político. Como el estado somos todos, lo único que no es negociable en la diversidad de gobiernos es el latrocinio que cometen con nuestras vidas y bienes cuando solo saben culpar a la pesada herencia y excusarse por supuestos imponderables. Son tan cuestionables las dictaduras golpistas como los autoritarismos democráticos. Sabemos que culturalmente somos una sociedad difícil, poco auto-crítica, cómoda, especuladora. Somos todólogos porque nos creemos que sabemos todo de todos los temas. Nos falta llevar un poco más de solidaridad, emoción, empatía y contención en el respeto por el prójimo. Comprender que la diversidad siempre suma y enseña. Y que sí todos en la Argentina y en América, tiramos para el mismo lado, buscando lo mejor para nuestra patria, aunque haya diversidad, en esa búsqueda seremos iguales.

By Daniel Revol.

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